HOJA PARROQUIAL
15 de ENERO de 2023 - DOMINGO 2º del Tiempo Ordinario
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Comentario de Benjamín Oltra
El bautismo de Juan era un rito religioso,
un rito de purificación; al bautizarse uno agradaba a Dios y se ganaba su
protección puesto que purificarse era agradar y no molestar a Dios. Esto se
pensaba entonces y todavía hoy hay quien lo piensa así.
El bautismo religioso o de purificación está vigente, es moneda corriente, hoy tenemos padres de buena voluntad, poca formación y pobre práctica cristiana que solicitan el bautismo para sus hijos por evitarles el castigo divino, creen que si no están bautizados no irán al cielo y aún cosas peores -accidentes o desgracias -. Esto mueve a muchos.
El bautismo que instaura Jesús no es un
rito religioso de purificación, es bautismo en el Espíritu; esto supone que la
conversión no es un simple y sincero dolor de los pecados, es, más bien, un
firme deseo y clara decisión de vivir al modo que el Espíritu inspire.
Bautizarse en el Espíritu es optar y comprometerte a vivir siguiendo los pasos
de Jesús.
Querer ser bautizado o, en nuestro caso,
renovar las promesas y renuncias bautismales expresa el deseo de ser habitado
por el Espíritu para que guíe nuestra vida.
Sólo el Espíritu nos puede conceder el
morir a nosotros mismos y nacer de nuevo, o sea, dejar nuestro propio camino
para seguir el camino de Jesús siguiendo sus pasos.
Vivir en cristiano no es arreglar las
cuentas con Dios -que también-, no es estar a buenas con Él haciendo lo
que está mandado; vivir en cristiano es vivir a la manera, en el estilo y en la
intensidad de Jesús de Nazaret, en la medida en que acogemos al Espíritu.
Por el Bautismo somos otros
cristos, “sacerdotes, reyes y profetas”; quien no esté dispuesto a ponerlo por
obra que no pida este sacramento.
¿Quieres saber cuándo no actúas conforme al Bautismo en el Espíritu
Santo?. Cuando por tu incoherencia dificultas todo
acercamiento a Dios; cuando te morirías de
vergüenza si la gente supiera que eres cristiano y, por eso, callas, disimulas y
escondes tu condición de creyente, y vives tu fe de forma anónima,
disimilándola en público; cuando no ejerces la profecía por lo que te pueda pasar, optas
por lavar los trapos sucios en casa, haces silencio y miras a otra parte y
dificultas así la justicia y la verdad; cuando no vives como sacerdote,
como rey y como profeta.
El Espíritu que recibimos “aggiorna” -actualiza, pone al día- en nosotros el evangelio y nos facilita
el que podamos responder a los avatares de la vida en clave evangélica.
Por el Bautismo recibimos la gracia del
Espíritu Santo, pero afortunadamente su actuación no nos hace autómatas del
evangelio; sin oración y discernimiento personal el Espíritu no actúa ni se
manifiesta.
Para ser fiel al Espíritu Santo es necesario desearlo y
buscarlo en toda circunstancia; de lo contrario ni lo
veremos ni lo podremos obedecer.
La fidelidad siempre es el resultado de unos deseos de
encuentro y de entrega. El amor es encuentro y entrega mutua; no hay amor donde
no se da la reciprocidad.
Seguir los pasos de Jesús es una opción de amor; sólo
el amor nos puede mantener en su seguimiento.
El Bautismo nos mete de lleno en la causa del Espíritu
Santo, nos lleva a actuar filialmente con Dios y fraternalmente con todos.
Juan el Bautista es presentado como un
preámbulo del creyente cristiano, uno que al cuestionar su vida descubre a Dios
en Jesús e, inmediatamente, lo anuncia, denuncia y define en público:
“Este es el
Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”.
Es como decir: “Este es
quien me aligera de mis pecados, potencia mi vida y me incapacita para
presentarme a mí mismo como clave, meta o solución de la vida de nadie”. Eso sólo lo es Jesús de Nazaret, el
Cristo, el Señor.
Gracias al Espíritu somos lo que somos,
pobres y simples hijos de Dios, que saciamos nuestra sed de serlo al sabernos
instrumentos en sus manos.
Jesús es nuestro único referente; la
Iglesia no es una secta, en ella no caben los gurús.
CELEBRACIONES

Martes a viernes Eucaristía a las 10:00 h.
y a continuación Exposición del Santísimo hasta las 12:00 h.
Martes 17 enero:
10:00 h. Eucaristía.
Miércoles 18 enero:
10:00 h. Eucaristía.
Jueves 19 enero:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Carlos Alapont Tomás y difuntos de la familia; Manuel Garza Cordero y difuntos de la familia.
Viernes 20 enero:
10:00 h. Eucaristía.
Sábado 21 enero:
➤ 19:00 h. Eucaristía.
Domingo 22 enero: 3º del Tiempo Ordinario (A)
➤ 10:00 h. Eucaristía en sufragio de Ramón y María Amparo.
➤ 12:00 h. Eucaristía por el pueblo.
NOTICIAS
Una etapa nova en la Missió Diocesana
Carta semanal del
Arzobispo de Valencia, Enrique Benavent
Estimats germans:
Celebrant la festa del Baptisme del Senyor acabem el temps de Nadal i iniciem en la nostra diòcesi una etapa nova en la Missió Diocesana amb motiu del Centenari de la Coronació de la imatge de la Mare de Déu dels Desemparats. Des de que es va obrir la Missió hem pregat, hem preparat missioners, hem format grups i ara ve el temps de fer l’anunci explícit per mig de les tres trobades que s’han proposat.
La Iglesia celebra el 22 de enero el Domingo de la Palabra
El tercer domingo del tiempo ordinario, este año el 22 de enero, la Iglesia celebra el Domingo de la Palabra de Dios. Una Jornada que instituyó el papa Francisco el 30 de septiembre de 2019, con la firma de la Carta apostólica en forma de «Motu proprio» Aperuit illis, con el fin de dedicar un domingo completamente a la Palabra de Dios.
Queridos todos:
Juan Bautista nos muestra a Jesús como el Cordero de Dios para que experimentemos la gracia y el amor que Dios quiere manifestarnos a cada uno de nosotros.
Dios
quiere que nos encontrémonos con Él en su Palabra y en la eucaristía para que
llene nuestro corazón y regalarnos su presencia para vivir, acompañadas por Él,
todas las circunstancias de nuestra vida.
Nuestra
Iglesia necesita amigos de Jesús, cristianos con una profunda experiencia de
Dios, que sean testigos de su amor en este mundo. Él cuenta con cada uno de
nosotros para que nuestras vidas y nuestro encuentro personal transmitan la fe
por el testimonio de una vida comprometida con el amor a los hermanos.
Que seamos personas que nos dejamos amar por Dios para amar, con esa misma atracción, a los demás. “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.
Vuestro cura y amigo, Olbier.

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