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FIESTA del CORPUS CHRISTI - Ciclo A

     HOJA PARROQUIAL

11 de JUNIO de 2023 - DOMINGO Fiesta del CORPUS CHRISTI



Lectura del santo evangelio según san Juan  (Jn 6, 51 - 58)

   En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

   Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

   Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor


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Comentario de Benjamín Oltra

   

   Dios se nos hace presente, cercano e íntimo en la Eucaristía, en el contexto de una comida compartida se nos presencializa bajo las formas de pan y vino.

 

   Conviene no olvidar qué suponía para un judío compartir la comida, era compartir la condición social y moral de los comensales, se podría decir: “Dime con quien comes y te diré quién eres”.

 

   Ser compañero, comer-del-mismo-pan es aceptar ser “uno” con quien comes”. Desde ese momento asumes su suerte, su fama, su presente y su futuro. Tú, deberás tener compasión de él pues entrará a formar parte de tu vida, de tu “yo”. Vivirá en tu corazón, te habitará y llenará, por él te desvelarás y desvivirás. Será tu pasión. La comensalía nos hace hermanos.

 

   A esto estamos llamados los cristianos, a vivir en nuestras vidas la suerte-desgracia de los que nos rodean, a ser con ellos compasivos como nuestro Padre celestial es compasivo, a vivir una misma suerte con todos, a vivir en unicidad, en fraternidad.

 

   Dios se nos hubiera podido hacer presente de distintos modos: por medio de ritos, ofrendas, holocaustos, en espacios o tiempos sagrados, pero quiso que fuese al compartir la comida, con todo lo que ello esto supone.

 

   La comida es la base y la fuente de la vida, es su sustento. Por eso, para nosotros, primero es la vida y después su celebración. Afortunadamente, al celebrarla se enriquece, profundiza y fortalece.

 

   Para los cristianos lo primero es vivir compartiendo, dando y dándonos, luego acudimos a celebrarlo en la Eucaristía y ahí es donde encontramos a Dios.

 

   Dios se nos hace presente cuando amamos y nos entregamos a los hermanos; darnos siempre cuesta, es un sacrificio, pero este es el único sacrificio agradable a Dios, pues en él revivimos la historia de su Jesús.


   Dios quiere que le permitamos “hacerse Hijo en cada uno de nosotros”, para que prolonguemos su  historia de salvación y de evangelio en el mundo.


   Por eso llamamos a la Eucaristía el “sacrificio de la Misa”, porque en ella celebramos la entrega, el sacrificio de nuestras vidas por el bienestar del prójimo sin condiciones y a la manera de Cristo.

 

   Por lo que os recuerdo que celebrar o asistir al sacrificio de la Misa, no es tanto un asunto de ser sacrificantes como de ser sacrificados. Si primero no eres sacrificado, te aburrirás y la Misa no te dirá nada. Irás a Misa, subirás al Calvario y bajarás o saldrás hablando del tiempo. Esto nos ha pasado más de una vez y a mí, el primero.

 

   Dios se nos entrega y se nos hace presente cuando los demás, previamente, han podido contar con nosotros porque a ellos nos hemos dado y les hemos servido.

 

   El encuentro con Dios en la Eucaristía es un encuentro amoroso. Los amantes viven la “presencia de la persona amada incluso cuando está ausente”, siempre la tienen presente y no necesitan palabras para entenderse, para ellos el silencio es palabra. Presencia y silencio.

 

   D. Quijote, que decía, “Yo soy de Dulcinea…”; el cristiano, en la eucaristía, puede decir, “Soy de Dios y Dios es mío”. Son uno sin dejar de ser dos, unicidad perfecta.


   Al celebrar la eucaristía, Dios-Padre se hace Hijo en cada uno de nosotros. En la Eucaristía, Dios es el “Enmanuel”, “Dios-con-nosotros”. La Eucaristía es una llamada a vivir en unicidad con Dios y con los demás. Por eso, celebrarla nos exige vivir a la manera de Cristo, en entrega, en pasión y compasión con todo el género humano.

 

   La Eucaristía es el sacramento del amor. Dios-Padre nos ama tanto que confía que hagamos lo que Jesús haría en nuestro lugar. Por eso en la fiesta de su Cuerpo y Sangre celebramos el día de la Caridad. 


   La Eucaristía es un regalo espejo, en ella recibimos lo que damos y encontramos lo que somos. Al margen de esto no busques nada más en la Misa; sería magia o superstición. En la Eucaristía Dios nos habla y nos visita en los signos de los tiempos. Signos que nos vienen dados, generalmente, en papel prensa o en noticiarios de T.V.



CELEBRACIONES



 Martes a viernes Eucaristía a las 10:00 h.

y a continuación Exposición del Santísimo hasta las 12:00 h.

  

Martes 13 junio:

10:00 h. Eucaristía en sufragio de la familia Saiz Lucas.


Miércoles 14 junio:

10:00 h. Eucaristía en sufragio de Amparo Gimeno Roca y Vicente March Lluna.


Jueves 15 junio:

10:00 h. Eucaristía.


Viernes 16 junio:

10:00 h. Eucaristía.


Sábado 17 junio:

19:00 h.  Eucaristía.

Domingo 18 junio: 11º del Tiempo Ordinario (A)

  10:00 h. Eucaristía en sufragio de Carlos Alapón Tomás y difuntos de la familia; Manuel Garza Cordeiro y difuntos de la familia.

  12:00 h. Eucaristía por el pueblo.


NOTICIAS

   SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

   Carta del Arzobispo de Valencia

   El Concilio Vaticano II enseña que la Iglesia “vive y crece por la Eucaristía”. Detrás de esta afirmación hay una convicción fundamental: ella no tiene vida por sí misma, sino que la recibe de Cristo. Él se ha quedado con nosotros, porque sin Él la Iglesia no crecería ni en el número ni en la santidad de sus miembros. Este es el motivo por el que este sacramento forma parte de la vida cotidiana de la Iglesia. La celebración de la Eucaristía es un gesto sencillo, pero esa sencillez no debería llevarnos a olvidar su grandeza. Por eso celebramos esta fiesta del Corpus Christi: para recordar que no hemos de dejar de admirarnos ante la grandeza de lo que en ella se contiene.


   11 de junio, Día de la Caridad con el lema “Tú tienes mucho que ver»

   La Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social hace público su mensaje para el Día de la Caridad que la Iglesia celebra el 11 de juniofestividad del Corpus ChristiCon el lema que se propone este año:

 “Tú tienes mucho que ver. Somos oportunidad. Somos esperanza”

   La fiesta del Corpus Christi nos invita a entrar en el misterio de la Eucaristía. Un misterio que, como nos decía el recordado Benedicto XVI, “actualiza sacramentalmente el don de la propia vida que Jesús ha hecho en la Cruz por nosotros y por el mundo entero. Al mismo tiempo la Eucaristía nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana”.



   Corpus, Gambetti: el amor se comunica rebajándose, no imponiéndose
   En la homilía de la Misa de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, en San Pedro, el cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la basílica vaticana, recordó que Jesús "cuando habla de ser elevado, alude a su elevación en la cruz", es decir, a su abajamiento, porque allí resplandece el amor de Dios por el hombre. Y que, al compartir Su Cuerpo en la Eucaristía, todos somos hermanos, como se dirá en el Encuentro sobre la Fraternidad Humana del sábado. Se rezó mucho por la salud del Papa.

AVISOS

 El jueves 15 de junio, a las 11 horas, será la próxima Escuela de la Palabra.

Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).


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Queridos todos:

   

   Celebramos la fiesta del Corpus Christi dejándonos llevar a un mismo deseo: ser comunión (común + unión), ser fraternidad, “ser uno en Dios y Dios en nosotros”.

    Estamos llamados a compartir nuestras vidas, con todo lo bueno y lo menos bueno que cada uno tenemos. Caminar juntos, ayudándonos a crecer en el amor y la entrega mutua. Compartir los proyectos e ilusiones aportando nuestras capacidades para el bien común. Dialogando nuestras diferencias desde el respeto y la corrección fraterna. “Tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones”.

    Sabemos que no somos dignos de acariciar a Dios en nuestras manos en cada eucaristía, pero su amor por cada uno de nosotros llega hasta el extremo de hacerse pequeño en el pan, partirse y hacerse alimento para nuestras vidas. En nuestra próxima comunión contemplemos a Dios, antes de comulgarlo, con su misma mirada: Él nos mira como hostias consagradas en medio de este mundo. ”El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan”.

   La lógica del mundo nos hace vernos como competidores y nos divide. En la vida de Jesús hay una llamada continua a la unidad y la solidaridad. Que el alimento de Jesús transforme nuestra vida y su inmensa ternura nos haga unidad con Cristo y con nuestros hermanos, como discípulos y como Iglesia. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. ¿Cómo muestra mi vida esta unión con Cristo?

     Sigamos haciendo presente en nuestras vidas el lema parroquial de este año “Cristianos con una profunda experiencia de Dios”.


Os saluda y bendice,   

                                                                      Vuestro cura y amigo, Olbier. 

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