Jesús, en su hablar va directo y al grano: “rema mar a dentro…”; “echa las redes…”. Contrasta con la pomposidad de ciertos sermones. El evangelio es vida en acción y a más pompa, menos vida y menos evangelio.
¡Mantener una “falsa dignidad” ensombrece el evangelio!
Jesús no llama a aceptar una ideología ni a guardar unas normas, invita a seguirle en obediencia para ser “pescadores de hombres”.
Ser “pescador de hombres” no es hacer proselitismo; es hacer presente el Evangelio facilitando el encuentro con Dios, acompañar en el seguimiento de Jesús viviendo en el amor.
El oficio de “pescador de hombres” es dar vida, es salvar, es enseñar a vivir en fraternidad. Comprende el servicio, la hospitalidad y la comunión, lo necesario para realizar el reino de Dios en este mundo. Por tanto, menos ínfulas e inciensos, menos monsergas y más Evangelio.
Marcando el Evangelio un estilo de vida tan maravilloso, cabría preguntarnos: ¿Por qué las redes están cada día más vacías, por qué no acertamos en la evangelización? Tal vez por falta de audacia en el amor.
Se trata de evangelizar, de bajar de su cruz a los crucificados de este mundo. En la Iglesia hay quien lo hace y lo hace bien, pero no lo sabemos mostrar, si lo diéramos a conocer bien, las redes reventarían.
Creo que no sabemos presentar ni ofrecer propuestas liberadoras, no acertamos a dar respuestas a las urgentes necesidades que se nos presentan en el momento actual; más bien, las gentes juzgan que la Iglesia está siempre instalada en el terreno de la condena y que está inadecuada a la realidad, que contesta preguntas que nadie se hace y dificulta el diálogo y el encuentro entre las personas, que no es nada inclusiva. Nos falta diálogo y encuentro, sobra ínfulas y parafernalias.
Hablar desde el mando y el poder excluye y no incluye, rompe todo diálogo, se espanta la pesca y se hace antipático el mensaje. De seguir así llegará día en que tendrán que hablar las piedras. No pontifiquemos tanto.
Hoy constatamos que, si un cura se dedica al concepto y a la arqueología teológica, no le pasa nada; pero si se atreve a predicar desde la audacia evangélica está perdido, -aunque no corra peligro como antes-. Lo malo es que donde no hay audacia, no hay audiencia. Y así nos va.
La Iglesia es la depositaria del mandato y del carisma de pescar hombres, por tanto, o es misionera o deja de ser Iglesia, deja de tener razón de ser. Esto vale también para cada uno de nosotros en particular y en concreto. Nadie se hace cristiano para sí mismo, lo somos para los demás.
Nosotros, por ser Iglesia, necesitamos obedecer con audacia, pero no a cualquier autoridad; sólo a la autoridad de los crucificados, los pobres, los que sufren y padecen.
Necesitamos seguir al Maestro asumiendo nuestra propia vocación, nuestra misión, actualizando siempre su proyecto subversivo; lo demás son monsergas, cosas de curas, músicas celestiales.
Jesús no llamó a sus apóstoles para formar parte de un club selecto de monseñores, ni soñó a su mies como una elite social de bienpensantes.
El Evangelio no es patrimonio de nadie en exclusiva; la Iglesia es depositaria, no es dueña y señora, de serlo se haría madrastra.
Creo que para ser “pescador de hombres”, para dar vida y vida en plenitud, hay que hablar más de la esperanza que del pecado, del amor y del perdón que del juicio y de la condena, hay que optar antes por el diálogo que por el anatema, por la paz y el abrazo antes que por la división o la guerra y, cuando sea necesario, será siempre preferible sabe- salir-perdiendo. Hay que perdonar en todo y siempre, antes que romper o dividir y aquí caben todos, todos, todos…
Al evangelizar más vale descoser que desgarrar, pues “pescar hombres” es saber-dar-esperanza, hacerles ver que son valiosos y que merecen la pena.
Carta del Arzobispo de Valencia
El pasado 8 de febrero se celebró la Jornada de lucha contra el hambre en el mundo que cada año organiza Manos Unidas. Esta asociación de fieles nos invita, con sus campañas y con esta jornada, a no olvidar las desigualdades que existen en el mundo y que tienen como consecuencia que millones de personas que habitan en nuestro planeta no tengan las condiciones mínimas para vivir dignamente. Con esta carta quiero invitar a todas las parroquias y comunidades cristianas a que os suméis a esta celebración que nos ofrece una oportunidad de compartir nuestros bienes con los más necesitados.
Los datos sobre el hambre y la falta de otras condiciones mínimas para vivir dignamente no nos pueden dejar indiferentes: la inseguridad alimentaria moderada o grave afecta al 29% de la población mundial. En África esta cifra casi duplica el promedio mundial, llegando a alcanzar al 58%. En un planeta que produce alimentos suficientes para todos, nos cuesta hacernos a la idea de que un porcentaje tan grande de seres humanos vivan sin tener la certeza de cuándo comerá la próxima vez. Estamos ante millones de historias marcadas por la privación, la incertidumbre y la lucha diaria por sobrevivir. Debemos tener en cuenta, además, que esta pobreza tiende a concentrarse en el continente africano, de modo que se calcula que para el año 2030 el hambre se concentrará en África, tanto en cifras relativas como absolutas.
CAMPAÑA
CONTRA EL HAMBRE DE MANOS UNIDAS 2025: ‘COMPARTIR ES NUESTRA MAYOR RIQUEZA’
Manos unidas
lanza su Campaña contra el hambre de 2025 bajo el lema Compartir es nuestra mayor riqueza. El proyecto pone en valor la «cultura del compartir» y destaca su necesidad a la hora de combatir la pobreza y construir un mundo mejor. Además, este es el tercer año del Quinquenio 2023-2027: El reto de la dignidad, donde la ONG de la Iglesia Católica se centra en la idea de «compartir la prosperidad para erradicar la pobreza, el hambre y la desigualdad«.
La ONG invita a todas las personas a colaborar en esta labor y apoyarla con oración y donativos. En cuanto a la campaña, el viernes 7 de febrero tendrá lugar el día del Ayuno Voluntario. El domingo, las iglesias de todo el país llevarán a cabo la colecta referente a la Campaña contra el hambre.
EL PAPA: LA TRATA DE PERSONAS ES UNA VERGÜENZA, UNAMOS FUERZAS PARA COMBATIRLA.
Francisco recibió en la Casa Santa Marta a una delegación de la red «Talitha Kum», instándolos a comprometerse para hacer frente a la «innoble» explotación de millones de personas. «El comercio de cuerpos, la explotación sexual, incluso de niños y niñas, y el trabajo forzado», afirmó, son «una gravísima violación de los derechos humanos fundamentales», y es necesario «llamar a todos a sus responsabilidades» para hacer frente a «esta forma de criminalidad que lucra sobre la piel de las personas».
Tiziana Campisi - Ciudad del Vaticano
No se puede «permanecer indiferente» ante el «drama» de la trata, que hoy, en todo el mundo, «se cobra millones de víctimas», «no se detiene ante nada» y «encuentra siempre nuevos modos de insinuarse en nuestras sociedades». Francisco lanzó la advertencia desde la Casa Santa Marta, donde, en estos días, está teniendo las audiencias a causa de una bronquitis.
Reunido con la delegación de la red «Talitha Kum» con motivo de la XI Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas -que instituyó en 2015 y cuya promoción fue encomendada a la misma red, la Unión Internacional de Superioras Generales (Uisg) y la Unión de Superiores Generales (Usg) - que se celebró ayer, 8 de febrero, en la memoria litúrgica de Santa Josefina Bakhita, «víctima de esta terrible lacra social», el pontífice instó también a unir «fuerzas» para «llamar a cada uno a sus responsabilidades, para luchar contra esta forma de criminalidad que gana sobre la piel de las personas más vulnerables».
No podemos aceptar que tantas hermanas y hermanos sean explotados de manera tan deleznable. El comercio de cuerpos, la explotación sexual, incluso de niños y niñas, y los trabajos forzados son una vergüenza y una violación muy grave de los derechos humanos fundamentales.
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