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IV DOMINGO DE PASCUA - Ciclo C

 HOJA PARROQUIAL

11 DE MAYO DE 2025 -  IV DOMINGO DE PASCUA 




Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 10, 27-30

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»

Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín

El cristianismo ni es un humanismo, ni es una moral, ni es una religión. El cristianismo es un estilo de vida que va más allá de todo eso.

Es el estilo de vida de los que siguen a Jesús, de los que unen sus vidas, su presente y su futuro, al de Jesús, es la manera de vivir y sentir de los que mantienen con Jesús un trato frecuente de amor y amistad.

Un trato autentico y frecuente de amor-amistad con alguien te exige sumar tu vida a la suya, hacer tuya su suerte, unirte a él de forma íntima e inseparable.

El cristianismo no nace de doctrinas, de dogmas ni ideologías; de poco le sirven los catecismos; sólo se es cristiano desde la vida, desde el amor y desde la amistad con Cristo. (Obras son amores)

Podríamos preguntarnos qué es el amor-amistad, o de qué estamos hablando cuando decimos amor-amistad. De algo que suele surgir de un encuentro y de la aceptación de una persona ante el ofrecimiento de otra. El amor-amistad surge cuando dos que se encuentran, se conocen, se ofrecen y se aceptan.

Por supuesto que el amor-amistad nace de un encuentro fortuito, pero se alimenta y crece desde frecuentes encuentros cotidianos. Siempre se tiene hambre de conocer más y mejor al “amigo-amado”. Para el cristiano Jesús es su “amic-amat”

En y con en el “amic-amat”, con Jesús-, el conocimiento nunca es suficiente, siempre se quiere más, se desea más unión íntima-real con él...

A más encuentro y conocimiento, mayor amor-amistad;a más amor- amistad, mayor deseo de encuentro y conocimiento. Por eso: “Escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida”.

Todo viene seguido y se corresponde: encuentro, trato, entrega, conocimiento, donación. Unión de vida. Son uno sin dejar de ser dos.

Uno es para el otro y el otro es para uno, esto es el amor- amistad, el “amic-amat”: “Nadie las arrebatará de mi mano”.

Esto es lo que nos pasa a los cristianos con Cristo y queremos que nos siga pasando.

Cristiano es quien dice:

-“Creo que soy para Cristo”.

-“Creo que soy de Cristo y quiero que Él sea mío”.

-“Siento que Cristo y yo somos uno sin dejar de ser dos”.

-“Cistro es mi “amic-amat”, no lo dudo, me hace feliz”.

- “Cristo, mi “amic-amat” me hace sentir un privilegiado”.

El cristiano descubre y confiesa que: -“Cristo me quiere por ser quien soy y a pesar de ser como soy”. Poco o nada le importa mi pobreza y torpeza, mi pecado y mi limitación. De no ser así el trato con Jesús, el meu amic-amat, perdería toda su gracia.

Pues cuando a mí se me quiere por caridad, por mis talentos o por mi fortuna me da pena y asco; no se me quiere por amor-amistad, sino por lastima, por pena o por interés. ¿A vosotros no os pasa lo mismo?

El amor-amistad es siempre acogida y respuesta a lo que la persona es; la compasión y la caridad son respuestas a lo que la persona necesita.

El cristianismo es un trato de amor-amistad con Cristo. Trato que nos exige crecer como persona. “Exigir”, viene de “ex hago”, sacar de dentro a fuera.

Cuando alguien te quiere y te conoce de verdad, cuando alguien te ama, te pide que saques lo mejor de ti.

Eso es, justamente, lo que Cristo hace y reclama de nosotros: nos conduce a descubrir el gusto por llegar a vivir a imagen de Dios.

El cristianismo es la respuesta a las exigencias de Cristo, que afirma:

“He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

El cristianismo, que no es una religión, acabará siendo nuestra religión, nuestro modo de relación con Dios. Una religión, una religación o relación personal que jamás podrá darse al margen del mundo o de la vida, porque es nuestra propia vida, nuestro propio modo de ser persona.

Ser cristiano es ser de Cristo, es conocerle, es conocer su voz, es dejar que Él nos conozca y nos conduzca, es darse a Él, es pertenecerle con agrado y confianza.

 CELEBRACIONES

 


Horarios

Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h

Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.


Martes  13 mayo

    10:00 h. Eucaristía   

 Miércoles  14 mayo

     10:00 h. Eucaristía  

Jueves  15 mayo

     10:00 h. Eucaristía en sufragio de la familia Pallardó Casamayor y José Benavent

Viernes  16 mayo

     10:00 h. Eucaristía

 Sábado 17 mayo

    19:00 h. Eucaristía

 Domingo 18 mayo

    10:00 h. Eucaristía en sufragio de Carlos Alapón Tomás y difuntos de la familia

    12:00 h. Eucaristía por el pueblo

   

NOTICIAS

EL ARZOBISPO DE VALENCIA PUBLICA UN DECRETO CON MOTIVO DE LA ELECCIÓN DEL NUEVO PAPA

Misa en la Catedral de Valencia el 20 de mayo, a las 19 horas, “como muestra de especial gratitud al Señor". En todas las parroquias y demás iglesias abiertas al culto se celebrará la misa “Por el Papa”

11 DE MAYO, JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES Y JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS


La Iglesia celebra el 11 de mayo, domingo del Buen Pastor y cuarto de Pascua, la Jornada Mundial de oración por las vocaciones y la Jornada de vocaciones nativas con el lema, «Para el Señor, en los hermanos».

Un lema que vincula esta Jornada al Congreso de vocaciones que congregó en Madrid, el pasado mes de febrero, a más de tres mil personas que ante la pregunta «¿Para quién soy?» respondieron con unanimidad: «Para el Señor, en los hermanos».
Una Jornada conjunta para promover vocaciones, la oración y la colaboración económica

La Conferencia Episcopal Española, a través del Servicio de Pastoral Vocacional, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), las Obras Misionales Pontificias (OMP) y la Conferencia Española de Institutos Seculares (CEDIS) se unen cada año, desde 2015, para celebrar estas dos Jornadas vocacionales que comparten dos objetivos fundamentales: vocación y oración.


León XIV: Que la Iglesia sea un faro que ilumine las noches del mundo

El Papa Prevost celebró la Misa pro Ecclesia con los cardenales en la Capilla Sixtina. Antes de la homilía unas palabras en inglés, luego la invitación a dar testimonio de la fe en ambientes donde «se considera una cosa absurda» porque «se prefiere la tecnología, el dinero, el éxito, el poder, el placer». Y en algunos contextos, añadió, Jesús «se reduce sólo a un líder carismático o a un superhombre», y esto también «entre muchos bautizados que acaban viviendo así un ateísmo de hecho».

Tiziana Campisi - Ciudad del Vaticano

Entre aquellos frescos en los que Jesús juzga al mundo, en la Capilla principal del Palacio Apostólico, la Sixtina, que en la bóveda muestra a Dios creando al hombre, León XIV pronunció su primera homilía en la misa con los cardenales e inmediatamente indicó el camino que debe seguir la Iglesia, partiendo de las palabras del apóstol Pedro que reconoce en Cristo «al Hijo de Dios vivo». El Papa exhortó a un compromiso personal con Dios, en «un camino cotidiano de conversión», y después se dirigió a la Iglesia, para que juntos se viva «la pertenencia al Señor» y se lleve «la Buena Noticia a todos».

Las primeras palabras

En el mismo lugar donde ayer fue elegido 267º Pontífice, y donde pronto se desmontaron mesas y enseres del Cónclave para dejar paso al altar y a las sillas de los cardenales, León XIV comenzó a hablar improvisadamente, en inglés, dirigiéndose a sus «hermanos cardenales» que le habían llamado «al ministerio de Pedro», «a llevar la cruz y a ser bendecido con esta misión». «Sé que puedo contar con cada uno de ustedes -dijo- para caminar conmigo mientras continuamos como Iglesia, como comunidad de amigos de Jesús, como creyentes para proclamar la buena noticia, para anunciar el Evangelio».

Hoy no es fácil dar testimonio del Evangelio

En su texto, pues, el Pontífice mira al mundo, consciente de la realidad en la que los cristianos están invitados a llevar la Palabra de Dios.

Hoy también son muchos los contextos en los que la fe cristiana se retiene un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes, contextos en los que se prefieren otras seguridades distintas a la que ella propone, como la tecnología, el dinero, el éxito, el poder o el placer. Hablamos de ambientes en los que no es fácil testimoniar y anunciar el Evangelio y donde se ridiculiza a quien cree, se le obstaculiza y desprecia, o, a lo sumo, se le soporta y compadece. Y, sin embargo, precisamente por esto, son lugares en los que la misión es más urgente.

El mundo que nos ha sido confiado

Existe «la falta de fe» que «a menudo lleva consigo dramas» como «la pérdida del sentido de la vida, el olvido de la misericordia, la violación de la dignidad de la persona en sus formas más dramáticas», enumeró el Pontífice, que no olvida «la crisis de la familia y tantas otras heridas que acarrean no poco sufrimiento a nuestra sociedad». Y hay también «contextos en los que Jesús, aunque apreciado como hombre, es reducido sólo a una especie de líder carismático o superhombre», y esto «no sólo entre los no creyentes, -subrayó León XIV- sino incluso entre muchos bautizados, que de ese modo terminan viviendo, en este ámbito, un ateísmo de hecho».

Este es el mundo que nos ha sido confiado, y en el que, como enseñó muchas veces el Papa Francisco, estamos llamados a dar testimonio de la fe gozosa en Jesús Salvador. Por esto, también para nosotros, es esencial repetir: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16).

Desaparecer para que Cristo permanezca

Y luego el Papa habló, en primera persona, «como Sucesor de Pedro», recordando su «misión de Obispo de la Iglesia que está en Roma, llamado a presidir en la caridad la Iglesia universal» y recordando las palabras de San Ignacio de Antioquía, mártir en Roma: «en ese momento seré verdaderamente discípulo de Cristo, cuando el mundo ya no verá más mi cuerpo».

Sus palabras evocan en un sentido más general un compromiso irrenunciable para cualquiera que en la Iglesia ejercite un ministerio de autoridad, desaparecer para que permanezca Cristo, hacerse pequeño para que Él sea conocido y glorificado (cf. Jn 3,30), gastándose hasta el final para que a nadie falte la oportunidad de conocerlo y amarlo. Que Dios me conceda esta gracia, hoy y siempre, con la ayuda de la tierna intercesión de María, Madre de la Iglesia.

Un modelo de humanidad santa a imitar

Antes de explicar cuál es la misión que la Iglesia debe llevar a cabo hoy, el Pontífice se detuvo en Cristo, «único Salvador y el que nos revela el rostro del Padre», aquel en quien «Dios, para hacerse cercano y accesible a los hombres, se nos reveló en los ojos confiados de un niño, en la mente inquieta de un joven, en los rasgos maduros de un hombre», que luego se apareció «a los suyos, después de la resurrección» y «mostrando así un modelo de humanidad santa que todos podemos imitar». Sin olvidar la «promesa de un destino eterno que supera todos nuestros límites y capacidades».

El don de Dios que hay que anunciar

Pero «dimensiones inseparables de la salvación», que son «confiadas a la Iglesia para que las anuncie por el bien del género humano», son «el don de Dios y el camino que se debe recorrer para dejarse transformar» por Él. Y por eso el Papa, una vez más, insiste en su mandato.

Dios, de forma particular, al llamarme a través del voto de ustedes a suceder al primero de los Apóstoles, me confía este tesoro a mí, para que, con su ayuda, sea su fiel administrador (cf. 1 Co 4,2) en favor de todo el Cuerpo místico de la Iglesia.

Quién es Jesús

A continuación, León XIV dirige de nuevo su mirada a Cristo, a quien el mundo considera a menudo «una persona que carece totalmente de importancia, al máximo un personaje curioso, que puede suscitar asombro con su modo insólito de hablar y de actuar», pero una presencia «molesta por las instancias de honestidad y las exigencias morales que solicita», y por tanto a rechazar y eliminar. Mientras que la gente común no lo considera «un charlatán», sino «un hombre recto, un hombre valiente, que habla bien y que dice cosas justas, como otros grandes profetas de la historia de Israel». Y por eso le siguen «al menos mientras pueden hacerlo sin demasiados riesgos ni inconvenientes. Pero lo consideran sólo un hombre y, por eso, en el momento del peligro, durante la Pasión, también ellos lo abandonan y se van, desilusionados». Pero «el patrimonio que desde hace dos mil años la Iglesia, a través de la sucesión apostólica, custodia, profundiza y trasmite» es la respuesta dada por Pedro a Jesús: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

AVISOS

Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).

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