HOJA PARROQUIAL
1 DE MARZO DE 2026 - DOMINGO 2º TIEMPO DE CUARESMA
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube, decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándoles les dijo: “Levantaos, no temáis”. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaron de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín
Este fragmento es una teofanía, nos narra una manifestación directa de Dios en un lenguaje puramente mítico.
Como todo texto, tiene su contexto y su pretexto.
Su contexto cultural es típicamente veterotestamentario, emplea elementos clásicos de las teofanías que aparecen en el A.T., por ejemplo: “Monte”, lugar de la presencia de Dios; “Resplandor”, signo de esa presencia de Dios; “Nube”, elemento que utiliza Dios para presentarse; “Voz”, medio de comunicación de la voluntad de Dios; “Miedo” sentimiento propio de los que descubren su presencia; “Chozas”, hace referencia a la gran fiesta mesiánica; “Moisés y Elías”, representan la Ley y los Profetas, pilares de la religión hebraica.
Su pretexto, según la opinión de la mayoría de sus intérpretes, es la manifestación de la gloria de Jesús para que los apóstoles estén preparados y soporten la tremenda prueba de la pasión.
De ser así, la “transfiguración” fue un gran fracaso, no les sirvió de nada; pues los tres lo abandonaron y uno, además, lo negó.
Con esta interpretación, -manifestar la gloria para soportar el sufrimiento y la cruz-, presentan la gloria como contraria al sufrimiento y a la cruz, con ello, se cargan el mensaje del evangelio; conciben la cruz y el sufrimiento como el precio a pagar por la gloria. Olvidan que Dios está presente en sus criaturas tanto en el triunfo como en el fracaso, cuando sufren como cuando gozan.
La “transfiguración”, no es un espectáculo de luz y sonido pagado por Dios para disfrute y fortalecimiento de tres apóstoles. Creo que hay que leerla en clave inversa a los textos post-pascuales, los que hacían exclamar a las gentes: “Este Cristo que se nos aparece es el mismo Jesús que caminó, comió y vivió con nosotros en Galilea”. Y ahora sería: “Este Jesús que vive con nosotros es ya el Cristo glorificado”.
El fragmento narra una “transfiguración”, un cambio de figura, no de esencia personal; Jesús sigue siendo el mismo que vive con ellos, pero ese es ya el Cristo, el ungido de Dios, el empapado de Dios.
Este fragmento es un “relato anticipado” de una experiencia post- pascual.
Afirmar la “transfiguración”, que lo divino se muestra en lo humano, tiene graves consecuencias para el creyente que vive esa experiencia, pues a partir de ese momento vivirá su temporalidad en clima de eternidad, vivirá su hoy como un adelanto de eternidad. “Amará y hará lo que quiera, pero siempre -lo que haga- ha de merecer ser eternizado”, (S.Agustín).
Cuando lo divino se muestra en lo humano, cuando el creyente tiene la suerte, -la gracia-, de ver lo divino en lo humano se comportará, en sus asuntos temporales, con la unción propia de la religión.
Su vida, -el trato consigo mismo y con los demás-, será su templo y será su religión. Su vida será su mejor lugar y modo de religarse con Dios, de relacionarse con Él. Serán su mejor templo y su mejor religión.
Ahora se nos presenta un nuevo modo de religión, de relación con Dios, el que se da al cuidar del “otro” sea quien sea el “otro”
Moisés y Elías, -ley y profetas-, ya pueden retirarse, no nos hacen falta; tenemos a Jesús, Dios es Jesús, en Él tomó carne. No necesitamos más.
Descubrir a Dios en Jesús, a la divinidad en la humanidad nos conduce a una confrontación con nuestro modo de vivir y de practicar la religión. Vida y religión cambiarán de forma radical al no tener más mediación que a Jesús, y éste encarnado en nosotros y en los que nos rodean.
Cuando en asuntos de religión jugamos a nuestro favor, perdemos por goleada. Es el caso de Pedro y las tres chozas.
La “transfiguración”, -ver y vivir lo divino en lo humano-, nos reta a asumir el riesgo del encuentro con la realidad del “otro”, pues su realidad nos va a cuestionar y nos va a exigir actuar en su favor.
Dejarnos interpelar por la suerte o desgracia del prójimo y actuar en consecuencia va a ser nuestro modo de religión: si tienen hambre, les daremos de comer. Conocemos a Dios por medio de Jesús que se hizo carne, es humanidad y está dentro de cada uno de nosotros tal y como somos y allí donde nos encontramos.
A Dios le damos culto en la vida y desde la vida, en espíritu y verdad.
CELEBRACIONES

Horarios
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h
Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.
Martes 3 marzo:
10:00 h. Eucaristía
Miércoles 4 marzo:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Antonio Olbier
Jueves 5 marzo:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Delfín Labernia Fibla
Viernes 6 marzo: 3er Viernes de Cuaresma
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Trinidad Pascual Soria
19:00 h. Vía Crucis
19:30 h. Oración Comunitaria de Cuaresma
CENA DEL HAMBRE
Sábado 7 marzo:
19:00 h Eucaristía
Domingo 8 marzo: AGUA VIVA
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Julieta Soriano y Joaquín Juan Ballena.
12:00 h. Eucaristía
NOTICIAS
DEJA TUS REDES Y SÍGUEME
Carta del Arzobispo de Valencia
Con este lema, el 1 de marzo, segundo domingo del tiempo de cuaresma, celebramos en nuestra diócesis el día del seminario. En mis visitas a las parroquias compruebo con alegría cómo las comunidades cristianas valoran la presencia de los sacerdotes que, con su trabajo y su entrega, cuidan de la fe de los cristianos y anuncian el Evangelio invitando a todos a conocer y amar a Jesucristo. También experimento que en los pueblos donde actualmente ya no vive el párroco debido al descenso de vocaciones y a los cambios demográficos que estamos viviendo en las últimas décadas, muchos cristianos sienten un vacío y me expresan el deseo de poder llegar a tener un día un sacerdote que les acompañe en el camino de la fe.
Aunque debemos dar gracias a Dios por los 60 jóvenes que en nuestros seminarios mayores y en el menor se preparan para el sacerdocio y, siendo conscientes de que el trabajo por el Evangelio nunca se agota, por lo que, aunque tuviéramos muchas más vocaciones nunca serían suficientes, hoy experimentamos mucho más que en otros momentos la verdad de las palabras del Señor cuando vio a la multitud que lo seguía: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 37-38). Os pido que en las celebraciones de la Eucaristía de este domingo nos unamos en la oración pidiendo al Señor la gracia de nuevas vocaciones sacerdotales, y que sea un día para ser solidarios con el seminario, de modo que los futuros sacerdotes puedan tener los medios necesarios para una formación que los prepare adecuadamente para el ministerio.
El lema elegido este año (Deja tus redes y sígueme) evoca los relatos de la vocación de los primeros discípulos que, al escuchar la invitación del Señor, “dejaron las redes y lo siguieron” (Mc 1, 18). Las redes nos hablan de un trabajo que aquellos discípulos tenían, de un proyecto de vida, o de una aspiración por forjarse un futuro mejor. El encuentro con el Señor trasformó radicalmente el horizonte de la vida de aquellos pescadores. Habían descubierto que lo que Él les ofrecía era mucho más grande que todo esto. Pero este lema está formulado como una invitación que Jesús puede dirigir a cualquier joven. Toda vocación es un don del Señor, pero nosotros tenemos la responsabilidad de crear espacios en los que los jóvenes puedan escuchar esta llamada como posiblemente dirigida a ellos. Las familias cristianas deben educar a sus hijos para que descubran que lo más importante en su vida es llegar a conocer la voluntad de Dios sobre sus vidas. En las parroquias y movimientos de jóvenes hemos de crear un ambiente de oración y de servicio que despierte en ellos el deseo de entregarse al Señor para servir a los hermanos.
Ejercicios espirituales: dar gloria a Dios, misión principal en la Iglesia
Décima meditación matutina de hoy, 27 de febrero, en la Capilla Paulina para León XIV y la Curia romana. El predicador Varden vuelve a centrarse en san Bernardo y su tratado «Sobre la consideración», una carta al futuro papa Eugenio III en la que el santo invita a rodearse de colaboradores buenos, íntegros, amantes de la paz y la unidad, para garantizar una buena gestión que redunde en beneficio de la Iglesia de todo el mundo.
Erik Varden, OCSO*
San Bernardo escribió un tratado dedicado precisamente a La Consideración. Fue un éxito de ventas, que gozó de una difusión más amplia que cualquier otra de sus obras. Esto puede parecer extraño, ya que el texto es, en esencia, una carta dirigida a un hombre específico en una posición única. Bernardo lo escribió para un hermano, un monje italiano llamado Bernardo dei Paganelli que, ya sacerdote de la iglesia de Pisa, ingresó en Clairvaux en 1138.
En 1145, Paganelli se convirtió en el Papa Eugenio III.
La contemplación se ocupa de verdades ya conocidas. La consideración busca la verdad en los asuntos humanos contingentes, donde puede ser difícil de discernir. Se puede definir como «el pensamiento totalmente tendido, o la tensión del alma, en busca de la verdad».
Al considerar los problemas de la Iglesia, Bernardo no ofrece remedios institucionales, sino que aconseja a Eugenio que se rodee de buenas personas: cuanto mejor se gestionen las oficinas centrales de la Iglesia, mayor será el beneficio para la Iglesia en todo el mundo.
Las cualidades que Bernardo le pide que busque y cultive son válidas en todo momento: se necesitan colaboradores «de probada integridad, dispuestos a la obediencia, pacientes y mansos; [...] de fe católica segura, fieles en el ministerio; amantes de la concordia, la paz y la unidad; [...] prudentes en el consejo, [...] sagaces en la administración, [...], modestos en el hablar».
Estas personas «aman y disfrutan de la oración y confían en ella su esperanza más que en su sagacidad o en su trabajo; su entrada es sin estruendo, su despedida sin pompa».
En la medida en que la Iglesia actúe en estos términos, reflejará la organización de las jerarquías angélicas. Quien la considere así verá inmediatamente su misión principal: dar gloria a Dios.
Para considerar correctamente las necesidades terrenales, debemos buscar, a través de ellas, lo que está por encima. Esto no es, dice Bernardo a Eugenio, en cierto modo «ir al exilio: considerar de esta manera es volver a la patria».
Bernardo se pregunta: ¿qué es Dios? Voluntad omnipotente, virtud benévola, razón inmutable. Dios es «sumo bien» que, por amor, desea compartir con nosotros su divinidad. Nos ha creado para desearlo, nos expande para recibirlo, nos justifica para merecerlo. Él nos guía en la justicia, nos moldea en la benevolencia, nos ilumina con el conocimiento, nos preserva para la inmortalidad.
Cualquiera que sea la tarea de los prelados, y son muchas, estas realidades deben considerarse primero. De este modo, incluso la e su consideración de las cuestiones prácticas será iluminada, ordenada, bendita y fecunda.
Según Bernardo, un prelado debe estar dotado de principios, debe ser santo y austero, pero también debe ser amigo del Esposo y alegrarse de compartir esa amistad con los demás.
Agustín describe a menudo el oficio episcopal como una sarcina, el fardo del legionario. Es una imagen un poco brutal, concebida por alguien que conocía la desolación y el miedo de las campañas en el desierto norteafricano. Agustín, sin embargo, sigue improvisando sobre el tema que él mismo ha planteado. Aunque la carga pastoral tiene un aspecto aterrador, solo es aterradora si no somos capaces de ver quién nos la pone sobre los hombros. Porque no es más que una participación en el dulce yugo de Cristo mismo, que nos hace descubrir que la cruz que se nos ha confiado es luminosa y ligera, y que poder compartirla es motivo de alegría.
«Lleva tu carga hasta el final —dice Agustín en un sermón—; si la amas, será ligera; si la odias, será pesada»: «Perduc sarcinam tuam quia levis est si diligis gravis si odisti».
«Tuyo, oh buen Jesús —escribió Bernardo en su Vida de San Malaquías, el irlandés— es el depósito que se nos ha confiado; tuyo es el tesoro escondido en nuestro poder, que devolveremos en el momento en que dispongas de recuperarlo».
*Monseñor Erik Varden, obispo de Trondheim, Noruega, fue invitado a predicar los Ejercicios Espirituales de 2026 para el Papa León XIV, los cardenales residentes en Roma y los jefes de Dicasterios de la Curia Romana, que se han celebrado del domingo 22 al viernes 27 de febrero.
https://coramfratribus.com/life-illumined/on-consideration/#article
AVISOS

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