Aquí no se está exaltando la ignorancia ni el no-conocimiento; sino que se nos advierte sobre las condiciones para aceptar la revelación, el evangelio.
Se presenta una aparente contradicción: los sencillos captan de inmediato el mensaje para cumplirlo mientras que los sabios y entendidos ni se enteran, ponen oídos sordos. El sabio suspenden y el ignorante, aprueba.
Jesús, en esta oración de acción de gracias, que dice: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”, advierte que la revelación no es fácil de entender, pero dura y difícil de vivir; por eso los sabios y entendidos, con toda su preparación, no la quieren captar mientras que las gentes sencillas la hacen suya cueste lo que cueste.
Decíamos el domingo pasado que “Dios es el Reino y el Reino, Dios”; que entrar, vivir y pertenecer al “Reino” es entrar, vivir y pertenecer a Dios”. Sencillo, pero no fácil y en ocasiones duro.
Para los creyentes cristianos el “Reino” es la forma que tenemos de entender a Dios, de entender la vida, de vivir la paternidad de Dios realizándola en una humanidad fraterna y universal.
Repito, esta revelación es fácil de entender, pero riesgosa y dura de vivir, por eso está al alcance de los sencillos y no de los sabios y entendidos. Vivir el evangelio es un mal negocio, pierdes tus intereses.
A mí, ahora lo que me interesa de verdad es saber si soy de los primeros o de los segundos, si soy sabio y entendido o gente sencilla, si soy o no capaz de captar la revelación y el evangelio. Para ello, me pregunto:
*¿Vivo como Dios me soñó cuando me creó, soy como Dios manda, vivo gozando y sufriendo a mi prójimo, sea quien sea el prójimo, y esto me supone perdida o ganancia, tristeza o alegría?
Vivir para los demás es un mal negocio para sabios y entendidos, ni es dicha ni placer, los demás molestan, y, ¡ya se apañarán!
Los “sabios y entendidos” no necesitan de Dios ni de nadie para sustentarse y sostenerse, por eso no les importa para nada el Reino. No pueden decir como Pablo, “en Dios soy, me muevo y existo”.
“Las gentes sencillas” encuentran al compartir sus vidas, alegrías y tristezas, solución a sus problemas y, con ello, su alegría y su esperanza. Además, los “sencillos” son los que en el Reino, en Dios, encuentran su felicidad y respuesta a sus necesidades.
Para “los sencillos” el mundo es un caos, mientras que Dios y su Reino son armonía. Por eso hacen de Dios y del Reino su modo de vida.
Los “sencillos” son los que creen que “otro mundo es posible”.
Pedro Casaldáliga, hombre sencillo, sabio y entendido, dijo a San Romero de las Américas, también sencillo, sabio y entendido: “Los pobres y sencillos nos han enseñado a leer el Evangelio”.
De lo contrario él, como todos los sabios y entendidos, que no consienten que los pobres les enseñen el evangelio, hubiera hecho de Dios y su Reino una religión; sin embargo, tanto Pedro Casaldáliga como San Romero de las Américas supieron y aceptaron ser testigos del evangelio.
Uno dio su vida de golpe, (mártir-testigo), lo mataron, y el otro dio su vida gota a gota, día a día.
Los dos fueron mártires, maestros y testigos de la fe ante el mundo.
Benjamín González Buelta, afirma: “Los pobres, sencillos e ignorantes son santuarios donde Dios habita”
Y Rabindranath Tagore, hombre de gran sensibilidad, dijo: “Yo esperaba encontrar a Dios en el cuerpo de mi amada y Tú me esperabas en el cuerpo del leproso”, del que es último, sencillo y humilde.
Conclusión: Dios no elige a los capacitados, sino que capacita y enseña a los que elige.
Para vivir y ser en Dios, para entrar en el Reino, lo primero es la moral y luego viene el dogma, primero es vivir y luego pensar.
Cuando nos muramos, San Pedro no nos preguntará el Catecismo; si lo hiciera me reiría mucho. Mas bien creo que nos dirá: “¿Cómo has vivido?”
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