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DOMINGO 7º DE PASCUA Ciclo A

 HOJA PARROQUIAL

10 DE MAYO DE 2026 -  DOMINGO  7º DE PASCUA

Solemnidad de la Ascensión del Señor


Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mt 28, 16-20)
 

Los Once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero alguno vacilaba. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.


Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín

Con la Ascensión todo está cumplido, está como debe estar. Ya hay gente que está preparada para llevar a cabo la causa de Jesús.

Con la encarnación de Jesús en Nazaret la divinidad irrumpió en la humanidad, con la Ascensión la humanidad irrumpe en la divinidad. En el cristianismo, humanidad y divinidad se encuentran, se cierra el círculo. Es la plenitud de los tiempos.

“Id y haced discípulos de todos los pueblos”. Todo mensaje necesita su mensajero, ningún mensaje se presenta por sí solo.

“Id y haced discípulos…”, que el evangelio es una buena noticia, un producto de calidad capaz de entusiasmar y de dar felicidad.

El Evangelio es producto de calidad; pero nosotros, por desgracia, no lo sabemos proponer, nuestra presentación es poco atrayente. Y eso hoy, en plena cultural del audiovisual es grave, es un fracaso.

En las iglesias, tal y como se están dando las cosas, parece ser que una parte de los mensajeros somos poco creíbles; pocos nos siguen y cada vez somos menos. Esto necesariamente nos obliga a la autocrítica.

¡Ojo!, aquí y ahora, no vale decir o pensar “somos pocos, pero buenos”, que donde no hay cantidad no puede haber selección.

Somos los que somos y creo que, por los resultados, no presentamos bien el evangelio. Me imagino que habrá gente que piense que para ser como somos no merece la pena ser. Es momento para reflexionar y cuestionarse.

“Id y haced discípulos de todos los pueblos”; no se trata de convertir a convertidos, sino de que nos preocupemos de los que no están, de los que se fueron o nunca estuvieron y de los que se cansaron de creer.

“Id y haced discípulos de todos los pueblos”, aclarándoles que todo bautizado está llamado a ser apóstol, que su vida ha de ser evangélica, que ha de ser mensajero del Evangelio, que lo que se necesita hoy son testigos, hombres y mujeres de experiencia.

“Id y haced discípulos de todos los pueblos”. Preocuparos de los que no están, que “los que están” hacen poco y cada vez son más viejos.

Previo a “Bautizarles” mostrémosles, con nuestro ejemplo, que se puede vivir de forma distinta, podemos vivir olvidándonos de nosotros mismo para servir a los demás y que en ello encontramos la felicidad.

“Id y haced discípulos, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Conviene no olvidar que la mejor forma de enseñar es dando ejemplo. El mismo Jesús nos lo dijo: “Trataos como yo os he tratado”.

Un apóstol, un mensajero ha de vivir su mensaje; si no es coherente con lo que predica no será creíble, perderá su tiempo y desacreditará al Evangelio. Para todo apóstol su vida y su testimonio son su mejor mensaje, sus obras son su autorretrato, su mejor forma de predicar.

Jesús dejó este mundo y subió a los cielos en el momento oportuno, cuando un grupo de hombres y mujeres podían ya evangelizar. Hoy esos hombres y mujeres somos nosotros, no hay otros.

Cualquiera debería podernos decir: “Viéndoos vivir aprendo el Evangelio, podría escribir de nuevo las bienaventuranzas”.

Vivir en cristiano es sencillo, simplemente se trata de ser humanos del todo, sin remilgos ni escusas, como Jesús, divinamente humanos.

Desde la Ascensión nuestro tiempo es tiempo de salvación, pertenece a los demás, no nos pertenecemos, nuestro tiempo es suyo, es para su salvación.

Nuestro cometido es vivir el evangelio para comunicarlo; todo lo demás: jerarquías, derecho, rubricas y monsergas están a su servicio.

No tenemos tiempo que perder, ni podemos quedarnos mirando al cielo. Nada, nadie, ningún miedo nos ha de impedir vivir el Evangelio: “sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Si no evangelizamos nosotros lo harán las piedras.

Evangelicemos, compartamos el Evangelio. Compartamos nuestra felicidad.

CELEBRACIONES

Horarios

Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h



Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.


Martes 19 mayo: 

    10:00 h. Eucaristía en sufragio de Carlos Alapón Tomás y difuntos de la familia.

    10:00 h.  Eucaristía 

Jueves  21 mayo: 

    10:00 h. Eucaristía 

Viernes  22 mayo:   

    10:00 h. Eucaristía 

Sábado 23 mayo

    19:00 h Eucaristía 

Domingo 24 mayo PENTECOSTÉS

    10:00 h. Eucaristía  por el pueblo 

    12:00 h. Eucaristía por el pueblo


NOTICIAS

RECIBID EL DON DEL ESPÍRITU SANTO

Carta del Arzobispo de Valencia

Estimados jóvenes, chicos y chicas que os estáis preparando para recibir el sacramento de la Confirmación o lo habéis recibido recientemente. Hoy quiero dirigiros unas palabras, porque durante estas semanas es cuando más celebraciones en las que se administra este sacramento tenemos en nuestra archidiócesis, tanto en las parroquias como en muchos colegios.

Como bien sabéis, la Confirmación es uno de los tres sacramentos de iniciación a la vida cristiana y de incorporación a la Iglesia. Del mismo modo que cuando queremos construir un edificio hay que poner los cimientos, estos sacramentos confieren los dones de la Gracia sobre los que se edifica el edificio de la vida cristiana. El cristiano es hecho Hijo de Dios por el Bautismo, Templo del Espíritu en la Confirmación y es plenamente incorporado al Cuerpo de Cristo por la participación en la Eucaristía. Estos tres sacramentos, siendo distintos, son también inseparables: la gracia bautismal se perfecciona en la Confirmación y alcanza su plenitud en la Eucaristía; la Confirmación desarrolla los dones recibidos en el Bautismo y prepara para participar en la Mesa Eucarística; y la Eucaristía lleva a plenitud los dones recibidos en el Bautismo y la Confirmación y los desarrolla cada vez que el cristiano participa dignamente en ella. Por ello, quien ha recibido estos tres sacramentos, ha recibido todos los dones necesarios para edificar su vida apoyado y sostenido por la Gracia de Dios. Cada vez que administro este sacramento a un grupo de jóvenes le pido al Señor que en el futuro edifiquen su vida como cristianos.

La Gracia que se confiere en el sacramento de la Confirmación es el mismo Espíritu Santo, que viene a habitar en vuestros corazones y a hacer de vosotros un templo suyo: “mora con vosotros y está en vosotros” (Jn 14, 17). El Espíritu actúa en aquellos en quienes habita, pero su acción tiene un carácter interior: al enseñar y recordar todo lo que Cristo nos ha dicho (Cfr. Jn 14, 26), el cristiano sabe internamente lo que agrada y lo que desagrada a Dios. Porque el Espíritu da testimonio de Cristo en nuestros corazones, llegamos a tener la certeza de la fe y podemos dar testimonio de Cristo (Cfr. Jn 15, 26-27). Por la acción del Espíritu, que guía al discípulo a la verdad plena (Cfr. Jn 16, 13), éste puede llegar a la plenitud del conocimiento de Cristo. Al derramar en nuestros corazones el amor de Dios (Rm 5, 5), podemos dirigirnos a Él llamándole “Padre” (Gal 4, 6). Por la acción del Espíritu en nuestro corazón podemos confesar la fe y decir “Jesús es Señor” (1Cor 12, 3).

El día de la Confirmación se recibe el don del Espíritu “tal como lo recibieron los Apóstoles el día de Pentecostés”. Si Pentecostés fue para aquellos discípulos que estaban paralizados por el miedo un nuevo comienzo en el camino de su fe, así también los confirmados estáis llamados a vivir ese momento como un nuevo comienzo en vuestra fe, con renovada ilusión y con la fuerza del Espíritu que constantemente rejuvenece a la Iglesia.

Estos días pido al Señor que comprendáis la grandeza del don que recibís y que viváis de tal modo que no pongáis triste al Espíritu Santo.

Que el Espíritu os colme con sus dones.


24 DE MAYO, DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA Y DEL APOSTOLADO SEGLAR

La Iglesia celebra el día de Pentecostés, este año el domingo 24 de mayo, el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, este año bajo el lema «Pueblo de Dios que sale al encuentro». Los materiales han sido elaborados por la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida.

En esta Jornada proponen conjugar en el horizonte del laicado en España dos elementos: la implementación del Sínodo y la reflexión sobre la presencia de los cristianos en la vida pública.

Materiales para el Día de la Acción católica

La Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida ofrece para la celebración de esta Jornada, junto con el mensaje de los obispos, materiales para la reflexión, subsidio litúrgico para el monitor y el celebrante, material para la celebración de la vigilia de Pentecostés, además de materiales de formación para adultos, jóvenes y niños.

Mensaje de los obispos

En el mensaje para este Día los obispos explican el contexto en el que se celebra la Jornada, que sigue la estela del  Congreso de Laicos «Pueblo de Dios en salida», celebrado en febrero de 2020.  En él se inició el proceso con las claves de trabajo  basadas en el discernimiento y la sinodalidad, confirmadas en el último Sínodo. Uno de los cuatro itinerarios propuestos en el Congreso fue la presencia en la vida pública, que ahora aborda este Día de la Acción católica.

Por ello, al subrayar la importancia de la presencia en la vida pública por parte de los cristianos, «estamos hablando de querer potenciar una conversión a la dimensión social del Evangelio como inherente a la propia vocación bautismal y a promover que nuestras comunidades sean auténtica Iglesia sinodal en salida, que existe para evangelizar, se constituye en instrumento de anuncio, liberación y promoción de la dignidad de toda persona», indican los prelados.

EL PAPA: EL CONOCIMIENTO NO DEBE SER UN INSTRUMENTO DE EXCLUSIÓN

Mensaje de León XIV con motivo del 60 aniversario de la Universidad Católica Boliviana de San Pablo. El Pontífice recuerda el lema de la universidad, "Veritas in Caritate", para reafirmar la importancia de la verdad: "para el cristiano, un acto de amor que edifica, sana y orienta a la persona hacia su plenitud".

Vatican News

Veritas in Caritate , la verdad en la caridad. El Papa León XIV recurre al lema de la Universidad Católica Boliviana de San Pablo para reiterar la importancia de la verdad. «No es sólo un ideal intelectual ni un concepto abstracto», sino un principio que «encuentra su identidad» en Jesucristo y que, si se «busca con rigor intelectual y honestidad científica», encuentra en la caridad «su horizonte y criterio último», puesto que «decir la verdad es, para el cristiano, un acto de amor que edifica, sana y orienta a la persona hacia su plenitud».

Reconocer que la Verdad tiene un rostro personal y una dimensión relacional preserva al conocimiento de convertirse en instrumento de dominio, de exclusión o de mera utilidad orientándolo, en cambio, al servicio de la justicia y de la dignidad de todo ser humano, especialmente de los más vulnerables.

La Universidad: tutela y desarrollo de la dignidad humana
El Papa envía un mensaje en español a los miembros de la comunidad universitaria con motivo del sexagésimo aniversario del Ateneo, ubicado en La Paz y otras ciudades bolivianas. «Conmemorar sesenta años nos permite reconocer una trayectoria fecunda de servicio a la Iglesia y a la sociedad», escribe.

En su carta, León también recuerda la «identidad más profunda» de una universidad que «no se reduce a ser un centro de capacitación técnica ni un mero espacio de producción de conocimiento utilitario». Es, ante todo, «una comunidad académica, que, de modo riguroso y crítico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales».

Facultades intelectuales, libertad y compromiso
Por lo tanto, la universidad existe para "promover la formación integral de la persona", ya que, como subraya el Papa, "la verdadera educación propone la formación de la persona humana" tanto con miras a su fin último como para "el bien de los diversas sociedades a los que pertenece el hombre.

En este horizonte, se cultivan armónicamente las facultades intelectuales y morales, la libertad responsable y el compromiso con el bien común, formando personas capaces de pensar con rigor, dialogar con apertura y actuar con rectitud.

Vocación a la verdad
Desde esta perspectiva, podemos comprender el lema del Ateneo, Veritas in Caritate , «una elocuente síntesis», subraya el Papa León XIV, «de la misión universitaria asumida desde la fe». Y «en un contexto cultural marcado por la fragmentación del saber, el relativismo y la explotación del conocimiento», Veritas in Caritate sigue siendo «criterio para el discernimiento académico y pastoral, y un programa exigente para el futuro en el que ustedes están llamados a ser “luz del mundo”».

Así, añade el Papa en su mensaje, Veritas in Caritate «expresa la vocación de una comunidad académica que aspira a integrar saber y vida, inteligencia y ética, fe y razón, excelencia académica y responsabilidad social».

La investigación, la docencia y la formación profesional se conciben como servicios y no como fines autorreferenciales, y se ordenan a la construcción de una sociedad más humana, más justa y más abierta a la trascendencia, donde el conocimiento esté siempre al servicio de la persona

Al conmemorar sesenta años de existencia, concluye León XIV, la Universidad Católica Boliviana "está llamada a mirar con gratitud el camino recorrido y a renovar con valentía su compromiso con esta misión."

60 años de misión
El 14 de mayo de 1966, en la ciudad de La Paz, siete profesores y 31 alumnos inauguraron las clases de lo que, en ese momento, fue el "Instituto Superior de Economía de la Empresa", el núcleo básico de la futura Universidad. Dos meses después, el 16 de julio, se crea y se erige canónicamente la Universidad Católica Boliviana, contando con el beneplácito de la Santa Sede, y bajo la dependencia de la Conferencia Episcopal de Bolivia.

Actualmente, cuenta con tres sedes en Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra y Tarija además de unidades académicas campesinas localizadas en las zonas rurales de Bolivia, la Facultad Teología "San Pablo" y la Facultad Seton Enfereria en Cochabamba. Cuenta con unos 17 mil estudiantes de nivel pregrado y 2 mil de nivel postgrado. Conformada por 6 facultades y departamentos, la Universidad ofrece en conjunto 52 carreras a nivel pregrado en sus cuatro sedes, unidades académicas campesinas y obras de la Iglesia con cobertura académica de la UCB. Es una de las instituciones educativas más importantes y representativas de Bolivia, siendo reconocida en 2017 como una de las 300 mejores universidades de América Latina.


AVISOS

➤ Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).

DOMINGO 3º TIEMPO DE CUARESMA - Ciclo A

 HOJA PARROQUIAL

8 DE MARZO DE 2026 -  DOMINGO 3º TIEMPO DE CUARESMA 


Lectura del santo evangelio según San Juan (Jn. 4, 5-42):

Llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llegó una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame a beber” (sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy samaritana?” (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quien te pide de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva”. La mujer le dice: “Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas tú el agua viva?, ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más volverá a tener sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. La mujer le dice: “Señor, dame de esa agua, así no tendré que venir aquí a sacarla”. Él le dice: “Anda, llama a tu marido”. La mujer le contesta “No tengo marido”. Jesús le dice: “Tienes razón, que dices que no tienes marido; has tenido cinco y el de ahora no es tu marido. En esto has dicho verdad”. La mujer le dice: “Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.”. Jesús le dice: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis, nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”. La mujer le dice: “Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo”. Jesús le dice: “Yo soy, el que habla contigo”. En esto llegaron sus discípulos y se extrañaron de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: “¿Qué le preguntas o de qué le hablas?” La mujer entonces dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: “Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis”. Los discípulos comentaban entre ellos: “¿Le habrá traído alguien de comer?”. Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna; y así se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recibís el fruto de sus sudores”. En aquel pueblo muchos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: “Me ha dicho todo lo que he hecho”. Así cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos de verdad que él es el Salvador del mundo”.


Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín

Dos personajes, Jesús y una mujer samaritana.

La samaritana es un personaje muy actual, es metáfora de muchos de los nuestros que confunden su religión por una ideología, también de los que niegan a Dios al no conocerle. Cuando la religión es ideología separa de Dios y es el primer paso para negar al que no se le conoce. Si mal está hacer del cristianismo una religión, peor está hacer de él una ideología.

Jesús le sale al encuentro sin importarle su pasado, lo que hizo o dejó de hacer, “has tenido cinco maridos y el de ahora tampoco lo es”; a Él, como a Dios, solo le importa el futuro, lo que haremos y seremos; los humanos miramos y juzgamos el pasado; a Dios solo le importa el futuro, lo que podemos llegar a ser y hacer, lo que seremos. Esta es la gran diferencia.

Se entabla un diálogo: - “Dame a beber”; - ¿Cómo tú, siendo judío, me pides…?;- “Si conocieras el don de Dios y quien te pide…; - ¿De dónde sacas tú el agua?”.

Un diálogo que conduce a una nueva forma de entender la religión, que lleva a una vida plena, honrada y coherente que brota del “agua viva”.

Una religión que no sacie la sed de vivir en plenitud no viene de Dios. La vida en plenitud es nuestra mejor y única forma de religión. No hay otra.

Venimos a este mundo con hambre y sed de felicidad, de salvación: “El que beba de mí, que soy manantial de agua viva, nunca más tendrá sed, tendrá agua hasta la eternidad, saciará su sed de ser más que los demás, vencerá sus ansias de poder y de tener. Locuras que hacen de la vida un infierno.

En nuestra relación con Dios quien se presenta pidiendo acaba dándose. Jesús empieza pidiendo y acaba dándose, tenía sed y se da como “agua viva”.

Jesús inicia y remata nuestras relaciones con Dios. Él es el Mesías, quien nos trae un nuevo modo de entender a Dios como Padre y Señor a quien adoramos en “espíritu y verdad” allí donde estamos y nos encontramos. Ya no necesitamos espacios ni tiempos sagrados. La vida es nuestra religión.

¿Qué hay que hacer para a tener a Jesús como Mesías? Reconocer y asumir la propia historia, tu pasado y tu persona; luego quererte y perdonarte para empezar a hablar de Jesús a los demás: “La mujer entonces dejó el cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: “Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será éste el Mesías?”. Una samaritana pecadora fue su primer apóstol.

Quien descubre a Jesús como su Mesías -como clave de su felicidad y de su salvación- cambia, se transforma y corre a contarlo, necesita comunicarlo: “Venid a ver un hombre…: ¿será éste el Mesías?”.

Ahora pongamos nuestra vida a examen:

*¿Nos hemos encontrado con Jesús?,

**¿nos ayudó a ver la verdad de nuestras vidas?,

***¿a quién se lo dijimos, se lo comentamos y comunicamos?,

****¿predicamos a Jesús como la clave de nuestra felicidad?,

*****¿lo anunciamos allí donde estamos y a quienes nos encontramos?

Si es que sí, enhorabuena, no hay duda, somos cristianos y apóstoles; de lo contrario, no pasa nada, nos queda aún un trecho por recorrer.

Pidamos “agua viva”, el don del Espíritu Santo para convivir con Jesús haciendo de nuestro tiempo un adelanto de eternidad, de vida auténtica, profunda y coherente, la única que merece la pena ser vivida al ser disfrutada en compañía de Dios.

CELEBRACIONES

Horarios

Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h


Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.


Martes 10  marzo: 

    10:00 h. Eucaristía

Miércoles  11 marzo: 

    10:00 h. Eucaristía por los enfermos (Virgen de Lourdes)

Jueves  12 marzo: 

    10:00 h. Eucaristía   en sufragio de Delfín Labernia Fibla

Viernes  13 marzo:  4º Viernes de Cuaresma

    10:00 h. Eucaristía   

    19:00 h. Vía Crucis

Sábado 14 marzo:  

    19:00 h Eucaristía  

Domingo 15  marzo: ALEGRÍA

      10:00 h. Eucaristía  en sufragio de familia Pallardó Casamayor y José Benavent.

      12:00 h. Eucaristía


NOTICIAS

TIEMPO DE GRACIA Y DE RECONCILIACIÓN

Carta del Arzobispo de Valencia

La Cuaresma es un tiempo de gracia. Esta nos llega por medio de la Palabra de Dios y de los sacramentos. Como nos ha indicado el papa León en su mensaje para este año, la Cuaresma debe ser un tiempo en que en el que dediquemos más tiempo a la escucha y a la acogida de la Palabra de Dios en el corazón. Esta Palabra es viva y eficaz: no pretende únicamente darnos una información sobre Dios o sobre las verdades de nuestra fe. Tiene como finalidad provocar la conversión y la transformación de nuestra vida. Quien de verdad se abre al Evangelio siente el deseo de avanzar en la vida cristiana e inicia un camino de conversión.

En este camino el creyente pasa por distintos momentos. En primer lugar, descubre la distancia que hay entre la grandeza del amor de Dios y nuestra respuesta a ese amor. Santa Teresa de Jesús, en el Libro de la Vida nos narra que lo que más le dolía de su vida es que había sido ingrata a Dios, es decir que no había correspondido a su amor como debería. En esta ingratitud está la esencia del pecado. Solo cuando descubrimos que nuestra vida es una historia de gracia por parte de Dios hacia nosotros, y que nuestra respuesta no puede ser otra que el agradecimiento, experimentamos la necesidad de pedir perdón a Dios y de reconciliarnos con Él.

El reconocimiento del pecado como ingratitud nos lleva a una correcta comprensión de la vida cristiana y de la vocación a la santidad a la que todos los bautizados estamos llamados: esta no consiste en un camino de auto superación que debemos recorrer confiados únicamente en nuestras propias fuerzas, y que tiene como meta la satisfacción que nos produce el hecho de haber alcanzado un objetivo humano o, lo que sería peor, el orgullo del fariseo que se considera a sí mismo mejor que los demás, sino que es un proceso de crecimiento en la amistad con Dios. Un santo es un buen amigo de Dios, que sabe que esa amistad es el tesoro más grande que ha encontrado en su vida, que prefiere perderlo todo antes que alejarse de Dios, y que es consciente de que siempre es posible crecer en ella. El camino de perfección no es otra cosa que una historia de amistad con Dios. Quien vive desde esta convicción descubre también que necesita pedir perdón a Dios, porque constantemente estamos faltando a esa amistad.

El Evangelio, que nos denuncia nuestras infidelidades al amor de Dios, nos anuncia también su fidelidad, su deseo de salvarnos para que no vivamos en el temor sino en la confianza en Él. En la Cruz de Cristo descubrimos que el pecado de la humanidad no le ha llevado a dejar de amarnos, sino a mostrarnos con más claridad su amor y su gracia. Esta fidelidad le lleva a tener un corazón misericordioso con nosotros y a ofrecernos sin cansarse la gracia de su perdón. El deseo que Dios tiene de que nos reconciliemos con Él es más fuerte que nuestro pecado y, como dijo el papa Francisco, no olvidemos que Él no se cansa nunca de perdonarnos, somos nosotros quienes nos cansamos de pedirle perdón. Por ello, os invito a que durante este tiempo de Cuaresma nos abramos al perdón que Dios nos ofrece celebrando el sacramento de la Penitencia para crecer en la amistad con Él.

EL PAPA VISITARÁ ESPAÑA ENTRE EL 6 Y EL 12 DE JUNIO

El Santo Padre León XIV realizará su viaje apostólico a España del 6 al 12 de junio de 2026, acogiendo la invitación del rey Felipe VI y de la Iglesia.


PASOLINI: LA PAZ NACE DE LA VALENTÍA DE HACERSE HUMILDES, RENUNCIANDO A LA VIOLENCIA

"La conversión. Seguir al Señor Jesús por el camino de la humildad" es el tema de la primera meditación cuaresmal de este 6 de marzo, en el Aula Pablo VI. El Predicador de la Casa Pontificia se centra en la necesidad, en este momento tan importante para la Iglesia, de "verificar la vitalidad de nuestro Bautismo".

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

El fragor de las guerras que azotan al mundo también llega al Aula Pablo VI, donde esta mañana, 6 de marzo, el predicador de la Casa Pontificia, padre Roberto Pasolini, ofreció, en presencia del Papa, la primera de sus meditaciones sobre el tema: "La conversión. Seguir al Señor Jesús por el camino de la humildad". Las reflexiones, que se celebrarán todos los viernes hasta el 27 de marzo, antes del inicio de la Semana Santa, tienen como hilo conductor: «Si alguno está en Cristo, es una nueva creación (2 Cor 5,17). La conversión al Evangelio según San Francisco».

«En días nuevamente marcados por el dolor y la violencia», afirma el fraile capuchino, «hablar de pequeñez podría parecer abstracto, casi un lujo espiritual. En realidad, es una responsabilidad concreta, ligada al destino del mundo».

“La paz nace no solo de acuerdos políticos, ni de estrategias diplomáticas o militares, sino de hombres y mujeres que encuentran el coraje de hacerse pequeños: capaces de dar un paso atrás, de renunciar a la violencia en todas sus formas, de no ceder a la tentación de la venganza y la opresión, de optar por el diálogo incluso cuando las circunstancias parecen negárselo”.

El despertar de la imagen de Dios
"Una tarea exigente y cotidiana", enfatiza Pasolini, que concierne a todos aquellos que se reconocen hijos de Dios y saben que esta conversión del corazón les concierne. Al introducir su reflexión, vinculada a la vida de san Francisco, el padre Pasolini lo define como "un hombre traspasado por el fuego del Evangelio, capaz de reavivar en cada persona el anhelo de una nueva vida en el Espíritu". Pero ¿qué se entiende por "conversión"? La pregunta es un "punto de partida", porque existe el riesgo de "construir sobre cimientos frágiles". "La conversión evangélica", afirma el Predicador, "es ante todo iniciativa de Dios, en la que el hombre está llamado a participar con toda su libertad". Ocurre "en lo más íntimo de nuestra naturaleza, donde la imagen de Dios impresa en nosotros espera ser despertada". Es cuando algo, durante mucho tiempo en silencio, comienza a vibrar de nuevo en el hombre.

La respuesta a la gracia
Francisco habla de "hacer penitencia" al emprender el camino de la conversión, pero alude a un "cambio de sensibilidad", una mirada al prójimo con misericordia y a la luz del Evangelio, barriendo "la amargura de una vida llena de cosas, pero aún vacía de su valor esencial". Hacer penitencia es el comienzo de una batalla para defender el "nuevo sabor de las cosas", alimentando fielmente la semilla que Dios ha puesto en el corazón de cada persona.

“La conversión ya no es un intento de enderezar la vida con las propias fuerzas, sino la respuesta a una gracia que ha redefinido los parámetros de nuestra forma de percibir, juzgar y desear”.

Reconocer el pecado
La conversión está vinculada a "la profundidad del surco que el pecado ha cavado en nosotros", explica el fraile capuchino, pero pecado es una palabra que parece haber desaparecido hoy. En la conciencia común —y a veces incluso en la vida de la Iglesia— todo se explica como fragilidad, herida, limitación, condicionamiento. Cuando todavía hablamos del pecado, a menudo lo reducimos a un pequeño error o debilidad. Si nos limitamos a esto, también desaparece «la grandeza de la libertad humana y su responsabilidad».

“Si ya no existe la posibilidad del verdadero mal, ni siquiera podemos creer en la posibilidad del verdadero bien. Si el pecado desaparece, incluso la santidad se convierte en un destino abstracto e incomprensible”.

En el pecado, el hombre reconoce que «su libertad es real y que con ella puede construir y destruir: a sí mismo, a los demás, al mundo». Por lo tanto, se necesita una «sanación profunda». Por eso la conversión es un «camino exigente» para recuperar la relación con Dios, una repetición en gestos de la elección de vivir en el amor y la libertad, incluso realizando esfuerzos que no son en sí mismos «estériles», sino más bien expresión de la «fidelidad de quien ya ha vislumbrado el sentido y el valor de lo que experimenta».

El retorno a la humildad
San Francisco es reconocido como el santo de la pobreza, pero su conexión con la humildad es inseparable. Ambos son caminos que brotan del misterio de la Encarnación; son los rasgos mismos de Dios que la humanidad está invitada a vivir para asemejarse a Él. «La humildad», enfatiza Pasolini, «es un camino que todo bautizado está llamado a seguir si desea acoger plenamente la gracia de la vida en Cristo». Es «una forma de habitar el mundo y las relaciones», de reducir «la imagen inflada que tenemos de nosotros mismos» y restaurar la verdad. «Es un don del Espíritu incluso antes de ser un ejercicio ascético».

“La humildad no empobrece al hombre: lo restituye a sí mismo. No lo disminuye: lo restituye a su verdadera grandeza. Por eso está tan estrechamente ligada a la conversión. El pecado original surge precisamente del rechazo de la humildad: de la negativa a aceptarse como un ser humano finito, dependiente de Dios. La conversión, entonces, solo puede entenderse como un retorno a la humildad”.

El rostro del hombre nuevo
La grandeza del hombre, explica el Predicador, reside en su pequeñez. El Santo de Asís, al abrazar a los más pequeños, al inclinarse hacia ellos, comprende que este es el lugar privilegiado elegido por el Señor. «En ellos se manifiesta ese 'poder' del que habla el Evangelio: el de hacerse hijos de Dios». Un niño que no se avergüenza de pedir al Padre y que experimenta «una fuerza particular: la capacidad de inspirar el bien en los demás». «Los pequeños, con su fragilidad», continúa Pasolini, «despiertan la misericordia, que es quizás la energía más preciosa del mundo». Una apertura radical, por tanto, que implica hospitalidad; «hacerse pequeño es una dimensión esencial del ser cristiano».

“Cuando elegimos hacernos pequeños —no permanecer pequeños— porque hemos reconocido la pequeñez de Dios y nos hemos sentido acogidos y amados por Él, esta elección no es una forma de regresión ni de renuncia: es el rostro del hombre nuevo, que el Bautismo nos restituye”.

Una conversión continua
El paso final es reconocer que la conversión nunca es completa. Seguimos siendo pecadores, pidiendo ser santificados por el Espíritu. «Conversión significa iniciar continuamente este movimiento del corazón, mediante el cual nuestra pobreza se abre a la gracia de Dios», haciéndolo incluso con la reticencia a disminuir nuestra imagen, realizando un incesante trabajo interior que nos pone «a su servicio, libre y concretamente». El fraile recuerda a san Pablo cuando comprende que «la debilidad no es una fase que hay que superar, sino la forma misma de su vida en Cristo», «la forma de la vida bautismal».

“Sin embargo, a menudo pensamos que la pequeñez evangélica solo es posible cuando todo marcha bien. En realidad, ocurre lo contrario: es precisamente en los conflictos y las dificultades donde se hace más necesaria. Cuando el instinto nos impulsa a defendernos o a afirmarnos, vemos si realmente hemos aprendido el Evangelio de la Cruz. La luz, de hecho, muestra su fuerza no cuando todo está claro, sino cuando reina la oscuridad”.

La meditación concluye con una oración de San Francisco y la invocación a "seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo".

                                                         AVISOS


➤ Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).