HOJA PARROQUIAL
2 de ABRIL de 2023 - DOMINGO de Pasión
S. «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo
entrego?»
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde
entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a
Jesús y le preguntaron:
S. -«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El
Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con
mis discípulos."»
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y
prepararon la Pascua.
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras
comían dijo:
+ «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras
otro:
S. «¿Soy yo acaso, Señor?»
C. Él respondió:
+ «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a
entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que
va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?»
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho.»
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo.»
C. Y, cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se
la dio diciendo:
+ Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la
alianza, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no
beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con vosotros el vino
nuevo en el reino de mi Padre.»
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está
escrito: "Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño."
Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.»
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.»
C. Jesús le dijo:
+ «Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me
negarás tres veces.»
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. »
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado
Getsemaní, y les dijo:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
C. Y, llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó
a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:
+ «Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.»
C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba
diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese
cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.»
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo
a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad
para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es
débil.»
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo
beba, hágase tu voluntad.»
C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían
los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las
mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y
el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos,
vamos! Ya está cerca el que me entrega.»
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los
Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los
sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta
contraseña:
S. «Al que yo bese, ése es; detenedlo.»
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!»
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?»
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para
detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de
un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá.
¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida más de
doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice
que esto tiene que pasar.»
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un
bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me
detuvisteis.»
C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron
los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote,
donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos,
hasta el palacio del sumo sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los
criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el sanedrín en
pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo
encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente,
comparecieron dos, que dijeron:
S. «Éste ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y
reconstruirlo en tres días."»
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que
levantan contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis
que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene
sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?»
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte.»
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros
lo golpearon, diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?»
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una
criada y le dijo:
S. «También tú andabas con Jesús el Galileo.»
C. Él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé qué quieres decir.»
C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que
estaban allí:
S. «Éste andaba con Jesús el Nazareno.»
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a
Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento.»
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar,
diciendo:
S. «No conozco a ese hombre.»
C. Y en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas
palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y,
saliendo afuera, lloró amargamente. Al hacerse de día, todos los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a
muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el
gobernador. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús,
sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos
sacerdotes y ancianos, diciendo:
S. «He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.»
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!»
C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y
se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque
son precio de sangre.»
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del
Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía
«Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y
tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la
tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me
lo había ordenado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador, y el
gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los
ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?»
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador
estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el
que la gente quisiera. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando
la gente acudió, les dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a
quien llaman el Mesías?»
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y,
mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido
mucho soñando con él.»
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la
gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador
preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato les preguntó:
S. «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Contestaron todos:
S. «Que lo crucifiquen.»
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Que lo crucifiquen!»
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se
estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la
multitud, diciendo:
S. «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!»
C. Y el pueblo entero contestó:
S. «¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se
llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía; lo
desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de
espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha.
Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con
ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su
ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene,
llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar
llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino
mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo,
se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo.
Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el
rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro
a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:
S. «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres
días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se
burlaban también, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el
rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en
Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de
Dios?»
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo
insultaban. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre
toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
+ «Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
C. (Es decir:+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?»)
C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:
S. «A Elías llama éste.»
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja
empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber. Los demás
decían:
S. «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.»
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba
abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos
cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó,
salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo
que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. «Realmente éste era Hijo de Dios.»
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos,
aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas,
María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los
Zebedeos. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era
también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús.
Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo
envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había
excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se
marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del
sepulcro. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en
grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en
vida, anunció: "A los tres días resucitaré." Por
eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día,
no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: "Ha
resucitado de entre los muertos." La última impostura sería peor que la
primera.»
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia. Id vosotros y asegurad la
vigilancia como sabéis.»
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Comentario de Benjamín Oltra
Con Jesús,
la humanidad ha sido agraciada con un destino
divino,
por eso os decía
que
es mejor sufrir una injusticia que cometerla.
Permitidme unas reflexiones:
Jesús actuó en total aceptación y simpatía con el Espíritu
de Dios que le condujo a vivir de forma apasionada
y compasiva en favor de los
pobres, hasta el punto de que su vida acabó en una pura pasión. Fue un apasionado por hacer realidad
el Reino de Dios en este mundo, por hacer posible
una sociedad y un mundo digno del mismo Dios. Esta es, y no otra, la esencia del vivir cristiano, este es el estilo de vida que nos espera,
una vida en el Espíritu. La suerte que nos espera
es la misma que tuvo Jesús.
Jesús era de Dios, vivía dentro de Dios antes de nacer; en su vida en la tierra, cuando andaba por los caminos
de Palestina, siguió
siendo de Dios, viviendo dentro de Dios; y después de morir, por su resurrección, le pasó lo mismo,
siguió eternamente dentro
de Dios.
A nosotros nos ocurre lo mismo, también
vivimos dentro de Dios antes de nacer; vivimos
dentro de Dios al venir a la tierra y hacer nuestra vida, pues es el mismo
Dios quien nos va creando
día a día, momento a momentos en las determinaciones que vamos tomando;
y viviremos dentro de Dios en cuanto
muramos, pues también
resucitaremos.
Como dice la Escritura:
“En la vida y en la muerte somos
del Señor”,
“En Dios somos, nos movemos y existimos”.
Los cristianos siempre nos encontramos en el mismo sitio: en el Señor.
Bajo nuestra responsabilidad está el mantener un comportamiento acorde con estas realidades. Procuremos que Dios no se avergüence de nuestro vivir y que colaboremos en su plan de salvación-felicidad de todas sus criaturas.
Pertenecemos a Dios por origen y destino,
esto lo tenemos claro; pero que nos mantengamos fieles y acordes
con la voluntad de Dios a la hora de tomar determinaciones eso ya no está tan claro, pues depende de nuestra generosidad o egoísmo, es un asunto
de libertad y de voluntad.
Pidamos a Jesús, que es nuestro Maestro
en el arte de buscar a Dios, que sepamos cumplir
su voluntad y hacer lo que le gusta para encontrar sentido a nuestra vida.
El Dios que nos mostró
Jesús a lo largo de su apasionada vida se interesa por los que no interesan, por los machacados por la historia, la sociedad y el sistema.
Por eso el amor y el servicio
a los desheredados llenará de sentido a nuestra existencia. Lo que nos va a sostener es la esperanza y el empeño
de dar una vida mejor a los que viven peor que nosotros, pues es la misma fe en Jesús la que ilumina
nuestro caminar.
Cuando la fe en Jesús nos ilumina nos conduce al convencimiento
de que su forma de vivir es la mejor que podemos llevar a cabo, esa misma fe iluminará también nuestra muerte y nos abrirá a la resurrección; cuando la fe no sirve para vivir, tampoco
sirve para morir.
Se nos dijo que Dios se comunica al mundo por medio de Jesús, que es su Palabra hecha carne; pero Dios también
calla y guarda silencio. En la cruz Dios no habló y Jesús murió gritando, pidiendo
ayuda. Dios no respondió a su llamada,
pero Jesús murió en esperanza confiándole su espíritu:
“En tus manos encomiendo mi espíritu”.
El
silencio forma parte de la comunicación de Dios,
forma
parte del mismo Dios.
Dios muere con Jesús,
se identifica con Él y
se provoca el silencio.
No hay más que decir.
Desde aquel momento,
cuando necesitemos
y busquemos a Dios
guardemos silencio y vayamos a Jesús.
CELEBRACIONES

Martes a viernes Eucaristía a las 10:00 h.
y a continuación Exposición del Santísimo hasta las 12:00 h.
Martes 4 abril:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Antonio Olbier.
Miércoles 5 abril:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Delfín Labernia.
Jueves 6 abril: Jueves Santo
19:00 h. Eucaristía en sufragio de Trinidad Pascual Soria; Isabel López Puche y difuntos de la familia; Antonio Aguilar y difuntos de la familia.
20:00 h: Hora Santa
Viernes 7 abril: Viernes Santo
Laudes y Via Crucis (en Servitas)
17:30 h. Celebración de la Pasión del Señor
Sábado 8 abril: Sábado Santo
➤ 20:00 h. Vigilia Pascual.
Domingo 9 abril: Domingo de Resurrección (A)
➤ 10:00 h. Eucaristía por el pueblo.
➤ 12:00 h. Eucaristía por el pueblo.
NOTICIAS
El Arzobispo preside las misas y Oficios de Semana Santa que se celebrarán esta próxima semana en la Catedral
Y el Domingo de Ramos
El arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Benavent, presidirá las misas y Oficios de Semana Santa que se celebrarán durante la semana que viene en la Catedral así como del Domingo de Ramos que tendrá lugar este domingo.
Semana Santa, de la tristeza al gozo (CEE)
La Iglesia se adentra en la Semana Santa,
que comienza oficialmente el Domingo de Ramos, este año el 2
de abril. La Semana Santa conmemora los
acontecimientos de la pasión, muerte, sepultura y resurrección de Cristo,
que constituyen el misterio pascual, el centro de la vida de Jesús.
La Semana Santa para los cristianos es
el paso de la tristeza al gozo. Son días de vivir con sobriedad
la pasión y la muerte de Jesús para luego celebrar, rebosantes de alegría, la
gloria de la resurrección. Este camino a la Pascua también se hace visible en
las celebraciones de la Iglesia.
La Oficina de Prensa
de la Santa Sede hace
públicas las celebraciones de Semana Santa. Se podrán seguir en directo a
través del canal de YouTube de Vatican Media
Live.
