HOJA PARROQUIAL
22 de OCTUBRE de 2023 - DOMINGO 29º del Tiempo Ordinario

Le enviaron unos
discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos
que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que
te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas:
¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala
voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda
del impuesto.»
Le presentaron un
denario.
Él les preguntó: «¿De
quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
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Comentario de Benjamín Oltra
Jesús contesta sagazmente
e invita a reflexionar sobre el poder y sus consecuencias.
Evangelio y poder se autoexcluyen; cuando se da uno, desaparece el otro; por eso, para un cristiano el poder no significa nada, está de sobra.
No se puede “tratar-pagar” por igual al César que a Dios; a César se le teme y se le acata,
a Dios se le ama y se le obedece.
César es poder, mando y ordeno;
Dios es amor, debilidad y aprecio. Uno da miedo y el otro, cariño.
No son dos caras de una misma moneda, son dos caras de dos monedas
muy distintas; nada que ver una con otra.
Ciertas gentes tienen interés por poder unir las dos, quieren que se le dé al César lo que es propio de Dios y quieren
que a Dios se le dé lo que es propio del César.
Lo que voy a decir fue, es y será siempre así: los allegados
al poder quieren también que se les ame y obedezca;
y otros, los profesionales de la religión, en nombre de Dios quieren
tener un poder que no les corresponde.
Estas gentes quieren
tener el poder
de un emperador y la autoridad
de un profeta,
y eso es un imposible. Allí donde se da y se ejerce
el poder desaparece la autoridad, y donde haya autoridad está de sobrará
el poder, no sirve de nada. De una vez y por todas.
Donde hay evangelio, sobra el poder.
César, el poder, como amante-perverso que es, desea poseer personas y sólo alcanza a poseer cadáveres, personas sin alma, sin corazón ni sentido.
El evangelio conduce
a vivir en autoridad, a predicar con el ejemplo, a sentir, pensar y actuar al unísono,
a vivir unificados, sin fisura
personal.
Quien vive así, para qué quiere el poder si vive en unicidad con Dios, consigo mismo y con los demás,
para qué si vive en armonía.
Los cristianos están llamados a mantener una coherencia de vida, de sentimientos y acción,
que es el mejor modo de anunciar
el evangelio.
César, que representa
a la fuerza, lo puede todo menos obligarnos a amarle. Puede comprar
cuerpos, nunca corazones. A los que tienen fuerza y poder nunca se les obedece, se les acata;
a los que tienen y son de veras autoridad
se les obedece y con gusto.
Unos mandan por la fuerza,
los otros por la fuerza de su ejemplo, esto convendría que nunca lo olvidaran los que alardean
de poder y fuerza.
Personalmente temo todo tipo de poder, venga de donde venga, pero para mí, el peor de todos es el de los profesionales de la religión, el de esos que están dispuestos a todo, incluso
a matar en nombre de Dios y, convencidos de defender los derechos divinos,
pisotean los derechos humanos.
En toda persecución o guerra en nombre de Dios el único que sale ganando es el diablo. La historia nos enseña que defender a Dios desde el poder ha costado muchas
lágrimas de sangre,
muchas vidas.
Por Dios, como por el amor, uno está dispuesto a morir, pero no a matar; ocurre lo contrario con el poder, por él la gente mata, pero nadie quiere morir.
Nuestro ejemplo son los profetas,
que los mataron por hablar y vivir unificados.
Dios es amor y no necesita que nadie defienda
sus derechos. A los que dicen
que defienden los derechos de Dios hay que ponerlos
en cuarentena, pues lo que defienden son sus propios
intereses y privilegios. Jesús denunció repetidas
veces a estas gentes, que son los que le mataron.
La liturgia de hoy nos invita a preguntarnos si en nuestra
vida, en alguna ocasión,
lo divino ha entrado en conflicto con lo humano.
Si los derechos de Dios están en contra o no de los derechos
humanos.
Creo, honradamente, que hoy toda religión debe someterse a los DDHH. Ningún mandamiento de Dios puede dañar ni denigrar a sus criaturas.
Estamos celebrando la vida, la muerte y la resurrección del Señor, estamos celebrando que vivimos dispuestos a morir a nosotros mismos antes que a matar, que amargar o dificultar el bienestar de las personas.
No olvidemos que nos acerca a Dios lo que nos acerca a sus criaturas, que nos humaniza lo que nos diviniza y que nos salva el amor, no la fuerza.
CELEBRACIONES

Horarios Verano
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 12:00 h.
Martes 24 octubre:
10:00 h. Eucaristía.
Miércoles 25 octubre:
10:00 h. Eucaristía.
Jueves 26 octubre:
10:00 h. Eucaristía.
Viernes 27 octubre:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Familia Sanchis Segovia; Familia Sousa Segovia; Roberto Riera Gabriel y Consuelo Balbastre Soria; Ignacio y Carmen.
Sábado 28 octubre:
➤ 19:00 h. Eucaristía.
Domingo 29 octubre: 30º del Tiempo Ordinario (A)
➤ 10:00 h. Eucaristía en sufragio de Vanesa Vicedo Gracia y familiares difuntos.
➤ 12:00 h. Eucaristía por el pueblo.
NOTICIAS
DOMUND: CORAZONES ARDIENTES, PIES EN CAMINO
Carta semanal del Arzobispo de Valencia
Este domingo celebramos en toda la Iglesia la Jornada mundial de las misiones, el día del DOMUND. En la celebración de la Eucaristía tengamos presentes de un modo especial a todos nuestros hermanos y hermanas en la fe que, habiendo conocido a Jesús y escuchado su Palabra que les ha tocado el corazón, han dejado su tierra y se han puesto en camino para ir a anunciar el Evangelio a quienes todavía no han oído hablar de Cristo. Convencidos de que la Iglesia crece por la entrega generosa de cada uno de los bautizados en la vocación a la que han sido llamados por el Señor, agradezcamos el testimonio que nos dan gastando su vida por el Señor y por la humanidad. Os invito también a pedir al Señor que suscite en la Iglesia nuevas vocaciones misioneras para que la semilla del Reino de Dios no deje se sembrarse en todos los rincones de nuestro mundo.
22 de octubre, Domund 2023: “Corazones ardientes, pies en camino”
El domingo 22 de octubre se celebra el Domingo Mundial de las Misiones, más conocido como el DOMUND. Es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones. Se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre, el “mes de las misiones”.
El lema del Domund de este año es “Corazones ardientes, pies en camino”. La historia de la Iglesia está tejida por corazones ardientes que, como los discípulos de Emaús, se encuentran con Jesús vivo y resucitado, y se ponen inmediatamente en camino para anunciarlo a quienes aún no lo conocen. Una misión de la que se puede formar parte desde dónde estés: con la oración, con un donativo con el tiempo, como hacen los 1.689 voluntarios en las delegaciones diocesanas de misiones.
Papa Francisco: Seamos prójimos de los caminantes de nuestro tiempo
Queridos hermanos y hermanas:
A Jesús le quisieron liar, buscaban acusarle con sus propias palabras. Si decía pagad el impuesto, los revolucionarios podían acusarle de colaborar con los romanos. Si decía no paguéis, le podían acusar los herodianos de revolucionario. Y no se podía responder, como en las encuestas, no sabe, no contesta.
Jesús nos hace una invitación muy concreta. Yo cambiaría el orden. Primero, dar a Dios lo que es de Dios. Reconocer que está en nuestras vidas, que sin Él podemos hacer poco, o nada, y que necesitamos su apoyo. Y después, desde esta clave, mirar al mundo de otra manera. Cada cosa en su sitio, a cada cosa su momento y su importancia. Lo serio, con seriedad. Las cosas alegres, con alegría. Y así podremos ser profetas.
Y dar al César lo que es del César, también nos obliga. No estamos fuera de la sociedad, no estamos fuera de la ley. También ahí podemos dar testimonio de vida cristiana, ser profetas. En el ambiente donde nos movemos. Que no se nos olvide que en nuestra vida no puede haber compartimentos estancos. No podemos vivir de 10 a 12 de la mañana como cristianos, de 12 a 2 de la tarde como ciudadanos trabajadores, de 2 a 4 como hijos o padres de familia y por la noche, ya veremos. Como tampoco podemos decir te quiero mucho, mamá, de lunes a jueves. No podemos poner límites a nuestra vida de cristianos. Es decir, no podemos poner límites al amor, a Dios y a los demás.
Os saluda y bendice, vuestro cura y amigo, Olbier.
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