HOJA PARROQUIAL
29 de OCTUBRE de 2023 - DOMINGO 30º del Tiempo Ordinario
Él le dijo: «"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas».
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Comentario de Benjamín Oltra
Lo primero, lo importante es lo que va por delante; no confundamos lo secundario por lo importante. Desde que Dios se hizo hombre en cada hombre y en cada mujer, para todo hombre y para toda mujer, el amor a Dios y el amor al prójimo son lo mismo, una misma realidad, una sola cosa.
Los que nos necesitan son nuestro templo, nuestra ayuda la mejor religión. Ellos son verdaderos iconos de Dios, su rostro en este mundo.
Dios se nos da a conocer en cada uno de ellos; si no lo encontramos en ellos, será inútil que lo busquemos en la eucaristía.
La prueba de que amamos
a Dios es que nos desvivimos por el prójimo. Creer en Dios y tener fe en Él es cuidar del necesitado. La fe cristiana siempre
es una fe samaritana.
Los que sufren
y nos necesitan son metáfora-imagen de Dios, con ellos y por ellos Dios sale a nuestro encuentro, se nos hace presente.
El dolor de cada hombre y de cada mujer es el mismo dolor de Dios; Dios tiene el rostro del necesitado que se cruza en nuestro
camino.
Amar a Dios sin amar al prójimo
es beatería; amar al prójimo
sin amar a Dios es humanismo; el cristianismo ni es beatería ni es humanismo, es servir
y amar a Dios en la persona
del prójimo.
Dios y prójimo
se identifican en el Evangelio, se funden y confunden hasta el punto de que al amar a uno, amas al otro.
Para Jesús, Dios y prójimo son “sujetos de nuestro amor”,
al amarlos se une a ellos, “se ata a su suerte y a su persona”. Así han de ser para nosotros:
“Dios y prójimo, sujetos
de nuestro amor”.
Por eso los cristianos
no podemos entendernos a nosotros mismo, ni dar razón de nuestra vida, sin citar a Dios y al prójimo. Sin ellos no somos nada, ni valemos para nada, nuestra fe no pasaría
de ser un flato espiritual.
Para amar a una persona primero
hay que conocerla, mantener con ella un trato en la corta distancia
cercano y frecuente, -lo de oler a oveja-, puesto que amamos al que conocemos y conocemos al que amamos.
Amor y conocimiento, trato frecuente y cercano van siempre unidos.
Por el trato frecuente y cercano que exige el verdadero amor, Dios no es un concepto
o idea abstracta, ni el prójimo una persona que nos deja indiferentes; de lo contrario, los cristianos no pasaríamos de ser como las “Marquesas de Mingote” que, dedicadas a la beneficencia, sientan en su mesa a un pobre, y la Iglesia
sería una multinacional de lo espíritu,
una suma anónima
de gentes sin rostro.
Dios se encarnó
por el amor que nos tiene. Se hizo persona
humana, y desde entonces sus hijos son responsabilidad nuestra, son nuestra patria, son nuestro motivo
de vivir, son la causa de nuestros
desvelos.
Por principio, el amor se vive en concreto; amar en universal
es mentira, cuando uno ama a todo el mundo no pierde el sueño por nadie.
Al salir de nosotros mismos
para entrar en el amor, entramos y experimentamos a Dios, pues sentimos
y vivimos lo que Él es y vive. Entrar en el amor es interiorizar lo que sabemos
y creemos sobre Dios.
Al vivir un amor gratuito
y desinteresado, Dios y prójimo
se funden, se reclaman, Dios es nuestro
Padre y el prójimo es nuestro hermano.
Para Jesús, amar a Dios es igual que amar al prójimo
y amar al prójimo es igual que amar a Dios.
Amar a Dios y al prójimo o al prójimo
y a Dios, es siempre
una operación humano-divina, terrestre-celestial, temporal-eternal en la que el orden de los factores
no altera nunca el resultado
final.
Al ir a Dios vamos al prójimo
y al ir al prójimo
vamos a Dios, porque siempre
que vivimos un amor desinteresado vamos a Dios. Pues Dios es amor, y amar es experimentar ser Dios.
Quien ama a Dios, ama a todo aquel que ha nacido de Él, el amor a Dios se expresa amando y sirviendo a sus criaturas. Es imposible e insostenible amar a alguien sin amar a quien de él nació.
Amar es permitir que otra persona u otras personas tomen posesión de ti. Al amar dejas de poseerte, ya no te perteneces, quedas expropiado; cuando amas a Dios y al prójimo eres de ellos, a ellos perteneces. Somos de Dios y del prójimo, como Quijote lo era de Dulcinea. Para eso nacimos.
CELEBRACIONES

Horarios Verano
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 12:00 h.
Martes 31 octubre:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Rafa Porcar Escriche.
Miércoles 1 noviembre: Todos los Santos
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Josefa Ferrer Genovés (benefactora del templo).
10:00 h. Eucaristía por el pueblo
Jueves 2 noviembre: Conmemoración de los fieles difuntos
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Joaquín Juan Ballena.
19:00 h. Eucaristía en conmemoración de los fieles difuntos.
Viernes 3 noviembre:
10:00 h. Eucaristía.
Sábado 4 noviembre:
➤ 19:00 h. Eucaristía en sufragio de Antonio Olbier.
Domingo 5 noviembre: 31º del Tiempo Ordinario (A)
➤ 10:00 h. Eucaristía en sufragio de Delfín Labernia; Trinidad Pascual Soria; Isabel López Puche y difuntos de la familia; Antonio Aguilar y familiares difuntos.
➤ 12:00 h. Eucaristía por el pueblo.
NOTICIAS
ORAR POR LOS DIFUNTOS
Carta del Arzobispo de Valencia
Los dos primeros días del mes de noviembre, en los que la Iglesia celebra la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los fieles difuntos, los cristianos tenemos la piadosa costumbre de visitar los cementerios en los que reposan los cuerpos de nuestros seres queridos y de orar por su eterno descanso. Os invito a vivir esta tradición con sentimientos auténticamente cristianos.
La mañana del domingo de Pascua, las mujeres que habían acompañado al Señor durante su vida pública, que habían estado cerca de Él en el momento de su muerte y habían visto el lugar donde lo habían enterrado, fueron a visitar el sepulcro. Los evangelios nos narran que en ese momento en su corazón no había lugar para la esperanza: pensaban que el Señor estaba muerto y que todo lo que habían vivido con Él era una ilusión que había terminado.
12 de noviembre, Día de la Iglesia diocesana: “Orgullosos de nuestra fe”
“Orgullosos de nuestra fe”. Este es el lema que propone el secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia para la Campaña del Día de la Iglesia diocesana, que este año se celebra el 12 de noviembre. Un Día de fiesta, de celebración, en el que “recordamos y agradecemos nuestra pertenencia a una comunidad cristiana”. Y un Día para el agradecimiento y para tomar conciencia de que somos miembros de una gran familia. Lo que la Iglesia hace “es gracias al tiempo, las cualidades, la oración y el apoyo económico de todo el pueblo de Dios”.
Guerra en Oriente Medio: Llamada telefónica entre el Papa y Erdoğan
Queridos hermanos y hermanas:
Al igual que los judíos que tenían 365 mandamientos negativos, cosas que no podían hacer, y 248 positivos, cosas que debían hacer, nosotros también nos movemos entre el premio y el castigo. Y vivir, continuamente, entre la espada y la pared nos genera agobio, cansancio, nerviosismo, miedo …
Como los fariseos y saduceos, andamos
perdidos del evangelio, de la experiencia con Jesús. Los mandamientos nos
ayudan a orientarnos en la vida y a caminar, pero con qué espíritu nos movemos
en la vida. Lo importante no son los estados de vida, sino los “estilos”. ¿En
que dimensiones evangélicas nos movemos?, ¿me muevo en la verdad, el equilibrio
y la profundidad de Dios? ¿Llevo una vida recta en las acciones, pero, a la vez,
misericordiosa y comprensiva en las decisiones?
Nuestro “estilo” de vida nos ha de acercar a
Jesús; que nos da la posibilidad de amar y descubrir a Dios para poder amar a
los hermanos como el me ama y los ama. El amor de Dios en nosotros se hace
efectivo cuando entramos en el corazón, en la vida y las miserias del otro,
cuando los comprendemos y hacemos nuestros sus sufrimientos y alegrías.
No podemos dejar de mirar a Dios sin mirar a nuestros hermanos. Nuestra experiencia de relación con Dios se realiza en la experiencia con ellos. No debemos salirnos del marco de vida del amor a Dios, en Dios y en nuestros hermanos.
Os saluda y bendice, vuestro cura y amigo, Olbier.

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