HOJA PARROQUIAL
9 DE NOVIEMBRE DE 2025 - 32º TIEMPO ORDINARIO
“Se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:” Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella”. Jesús contestó: “En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para Él todos están vivos”.
Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín
Entre nosotros, los actuales “saduceos” son personajes de gran actualidad, conservadores en lo religioso y liberales en lo social, simpatizantes con la opresión y claramente fundamentalista en lo religioso, suelen ser de los que están siempre con el poder -mande el que mande - pues lo que desean es que les pongan a mandar. Son nuestro “ni-nis”, ni cristianos ni practicantes.
En lo religioso, piensan: Dios y yo nos apañamos, los demás ya se las arreglarán; Dios es mi “nec-ocio” y mi negocio va bien, que nada cambie.
En lo político son inmovilistas liberales, amantes del orden establecido; son egoístas, cómodos y acomodados que solo piensan en sí mismos y en su cuenta de resultados. Gentes que “cuando ríen, los ángeles lloran”.
Aprendamos a sufrirles con paciencia pues son difíciles de erradicar; son los que hacen de la religión una plataforma de promoción personal, medran económicamente; son de los que, a pesar de conocer a Jesús, ni parten ni reparten nada con nadie; ni saben, ni quieren saber lo que es la fraternidad.
Vayamos al tema clave del fragmento de hoy que es la “resurrección”. El ser humano es el único que entierra a sus muertos y hace duelo, porque no experimenta la muerte como un hecho natural sino como un acontecimiento personal.
El cristiano cree que la vida es eterna, que tuvo principio y no tendrá fin. Cree, también, que la vida tiene dos dimensiones, una temporal, terrenal, un “más acá” y otra celestial-eternal, un “más allá”.
El cristiano cree que él es eterno, que tiene un “más acá” y que tendrá “más allá”. También cree que el “más acá” corre de su cuenta y que el “más allá” correrá a cuenta de Dios, que es el que le hará justicia.
Por tanto, cree que el “más acá” es un asunto moral y la muerte, su momento moral por excelencia, el definitivo y definitorio, pues ya no cabe una posible conversión, todo será para siempre, no habrá vuelta atrás, nada cambiará.
Jesús predica y nosotros profesamos la “resurrección” de los muertos. Resucitar no es volver a la vida, eso es revivir; resucitar es incorporarse plenamente a la vida, incorporarse a Dios que es la fuente y plenitud de la vida.
Nadie puede esperar un “más allá” resucitado, incorporado a Dios, si en su “más acá” vive de espaldas a ese Dios, al Dios que se ha encarnado.
Si confesamos que Dios está encarnado en el hermano necesitado, el que profesa la resurrección ha de vivir en la fraternidad y la justicia.
Con estos parámetros de justicia y fraternidad en el “más acá”, la resurrección la tienen muy cruda los saduceos inmovilistas de siempre.
La fe en Jesús y el deseo de resucitar supone y exige honestidad para con Dios, para con un Dios encarnado cuyo cuerpo real es el necesitado.
El “más allá” corre por cuenta de Dios, es un don, una gracia; pero para gozarlo hay que haberse encontrado con Dios en el “más acá”.
Porque tengo fe en la resurrección y porque sé que voy a resucitar, viviré resucitando, provocando resurrección, dando vida en abundancia, aunque me cueste la muerte, pues: “Quien pierda su vida, la ganará…”.
Al resucitar, el “más acá” se incorpora al “más allá”; por la resurrección, la inmanencia y la trascendencia se encuentran, lo humano y lo divino se funden en uno.
La resurrección no justifica nuestra fe, es su núcleo. Si Cristo no ha resucitado nuestra fe es vana. Jesús es nuestro resucitado/resucitador, el portador de la mejor noticia.
Para nosotros, gracias a Cristo, morir es vivir, es vivir del todo, es resucitar. Vivir plenamente es ser en Dios ya, ahora y aquí.
CELEBRACIONES

Horarios
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h
Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.
Martes 11 noviembre:
10:00 h. Eucaristía por los enfermos (Virgen de Lourdes)
Miércoles 12 noviembre:
10:00 h. Eucaristía
Jueves 13 noviembre:
10:00 h. Eucaristía
Viernes 14 noviembre:
10:00 h. Eucaristía
Sábado 15 noviembre:
19:00 h Eucaristía en sufragio de la familia Casamayor y José Benaveent
Domingo 16 noviembre:
10:00 h. Eucaristía por el pueblo
12:00 h. Eucaristía por el pueblo
NOTICIAS
DILEXI TE (II)
Carta del Arzobispo de Valencia
La exhortación apostólica Dilexi te del papa León XIV nos invita a estar atentos ante las pobrezas que existen a nuestro alrededor. A menudo tenemos una visión reduccionista que nos lleva a considerarla únicamente en relación con los bienes materiales que se poseen. Es cierto que los estudios sociológicos nos pueden proporcionar datos importantes para conocer la realidad que nos rodea y ayudarnos a ver, por ejemplo, que no podemos medir las pobrezas materiales de hoy con criterios de otras épocas, por lo que ciertas condiciones de vida que en tiempos pasados eran comunes, hoy no son consideradas acordes con la dignidad humana; o que en muchas zonas de nuestro mundo, el fenómeno de la pobreza afecta más a las mujeres que a los varones por su situación de mayor dependencia y fragilidad. Pero no debemos olvidar que, para los cristianos, lo importante a la hora de descubrir las pobrezas que existen a nuestro alrededor no son las estadísticas, sino la mirada de la fe que nos ayuda a ver los rostros personales en los que se encarnan las distintas pobrezas.
El papa León nos recuerda en la exhortación que los pobres y las pobrezas tienen numerosos y variados rostros, que a menudo están cerca de nosotros y ante los cuales no podemos ser insensibles: existe la pobreza de aquellos que no tienen bienes materiales para vivir dignamente; la de quienes están marginados socialmente y no tienen medios necesarios para dar voz a su dignidad de modo que sean escuchados; la de los que se encuentran en condiciones de debilidad o fragilidad personal o social; la de aquellos cuya pobreza material tiene su origen en una pobreza humana y cultural y no encuentran caminos para salir de ella; la de quienes no tienen derechos ni libertad; o la de los que viven en ambientes en los que no tienen posibilidades para un crecimiento personal y humano que les posibilite salir de la situación en la que viven. Cuando tenemos esta mirada de fe sobre la realidad que nos rodea descubrimos que, a menudo, en medio de una sociedad de la abundancia, viven hermanos con grandes pobrezas.
Para luchar contra todas estas situaciones los seres humanos debemos superar la tentación de la indiferencia que se da ante fenómenos tan injustos como el hambre en el mundo, o el hecho de que millones de seres humanos vivan en condiciones de indignidad como si fuera algo inevitable. Todos podemos aportar nuestro pequeño grano de arena para construir un mundo más digno del ser humano. Además de evitar caer en la indiferencia, debemos comprometernos en una transformación cultural: mientras vivamos desde la convicción de que la felicidad se alcanza por la acumulación de riqueza y el éxito social, que hay que conseguir incluso a costa de perjudicar a los demás y de cometer injusticias nunca alcanzaremos una sociedad más justa, porque esta mentalidad conduce a una extensión de la pobreza y a una acumulación cada vez mayor de las riquezas en manos de una minoría. Y todo este compromiso debe nacer además de la convicción de que “la caridad es una fuerza que cambia la realidad, una auténtica potencia histórica de cambio” y, por tanto, “es la fuente a la que debe hacer referencia todo compromiso para resolver las causas estructurales de la pobreza” (DT 91).
ÚLTIMO CAPÍTULO DE FAROS PARA LA ESPERANZA: CRISTIANOS
PERSEGUIDOS
El papa Francisco, al convocar el Jubileo 2025, expresa su deseo de que sea para todos una ocasión de reavivar la esperanza. Acogiendo este deseo, la Oficina para las Causas de los Santos ha puesto en marcha el proyecto «Reavivar la esperanza en comunión con los santos». Así, cada mes, de abril a noviembre, se estrenará un vídeo con una pequeña historia y una ficha explicativa.
En el programa Ecclesia al día, en TRECE, cada primer lunes de mes, se presentará el testimonio. También se irán actualizando en la página de la Conferencia Episcopal Española con motivo del Jubileo 2025.
Faros para la Esperanza
Primer faro: ‘Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos’ (Mateo 5,3)
El Papa a la COP30: "Si quieres cultivar la paz, cuida la creación"
En un mensaje pronunciado por el cardenal Parolin durante la Conferencia de la ONU sobre el Clima en Belém, Brasil, León XIV llama a una acción urgente y a una “conversión ecológica” basada en la responsabilidad, la justicia y la solidaridad.
Linda Bordoni – Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV instó a los líderes mundiales reunidos en Belém, Brasil, para la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) a asumir compromisos valientes y concretos para el cuidado de la creación, recordándoles que la paz y la responsabilidad ambiental están inseparablemente unidas.
Transmitiendo el mensaje del Pontífice, el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, dijo a los delegados: “Si quieren cultivar la paz, cuiden la creación”. Las palabras del Papa, afirmó, reflejan la convicción de que cuidar de nuestra casa común es tanto un deber moral como un camino hacia una paz duradera.
Paz y creación: una relación inseparable
En su mensaje, el Papa señaló que, aunque la atención mundial suele centrarse en guerras y conflictos, la paz también se ve gravemente amenazada “por la falta de un debido respeto a la creación, por el saqueo de los recursos naturales y por un progresivo deterioro de la calidad de vida debido al cambio climático”.
Una responsabilidad moral
Recordando las palabras de san Juan Pablo II, el Papa León insistió en que la crisis ecológica “es una cuestión moral” que exige un renovado sentido de solidaridad entre las naciones.
“Los Estados deben compartir cada vez más la responsabilidad, de manera complementaria, de promover un entorno natural y social que sea a la vez pacífico y saludable”, dijo.
De las palabras a la acción
Al recordar el Acuerdo de París de 2015, el Papa señaló que “el camino para alcanzar los objetivos establecidos en ese Acuerdo sigue siendo largo y complejo”. Instó a los países a “acelerar con valentía la aplicación del Acuerdo de París y de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático”.
Con motivo del décimo aniversario de la encíclica Laudato si’, recordó a los participantes que “el clima es un bien común, que pertenece a todos y está destinado a todos”.
Una nueva visión financiera
El Papa León pidió además “una nueva arquitectura financiera internacional centrada en la persona humana” para garantizar que todas las naciones, especialmente “las más pobres y las más vulnerables a los desastres climáticos”, puedan desarrollar su potencial y proteger la dignidad de sus ciudadanos.
Tal estructura, añadió, también debería reconocer “el vínculo entre la deuda ecológica y la deuda externa”.
Un compromiso con el futuro
Al concluir su mensaje, el Papa exhortó a los participantes “a proteger y cuidar la creación que Dios nos ha confiado para construir un mundo pacífico”.
Aseguró sus oraciones por todos los implicados en la COP30 mientras toman decisiones importantes para el bien común y el futuro de la humanidad, y añadió:
"Que esta conversión ecológica inspire el desarrollo de una nueva solidaridad que salvaguarde tanto la creación como la dignidad humana.”
➤ Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).

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