HOJA PARROQUIAL
21 DE DICIEMBRE DE 2025 - 4º DEL TIEMPO DE ADVIENTO
El nacimiento de Jesús fue de esta manera. La madre de Jesús estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se la llevó a su casa.
Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín
Lucas nos trae la Anunciación a María; Mateo la Anunciación a José. Ambas tienen los mismos componentes de duda, angustia, vaciamiento, desasimiento, obediencia y fiabilidad propias de las personas enamoradas.
Para María, la Anunciación supuso la toma de una decisión de alto riesgo; a José le supuso poner a prueba su hombría de bien. A ninguno de los dos se les libró de dudas, búsquedas y angustias.
Y es que Dios, que es amor, nunca sale barato; Él se abaja, pero no se rebaja. Para entrar en ti exige que te des, que obedezcas y que te vacíes de ti mismo.
Dios, por ser amor, se da y se entrega a quien que lo espera y desea; quienes a Dios esperan y desean nunca le fallan por mucho que les pida. Siempre acogen lo que de Él viene, cargando con todas las consecuencias.
José y María esperaban y deseaban a Dios y recibieron su “gracia”, a ninguno de los dos les resultó barata, experimentaron en carne propia lo que implica la fe cristiana que es “don y tarea, gracia y responsabilidad”.
Dios, que es Amor, aparece en la vida del creyente como el amor: cuando menos lo esperas, exigiendo de ti un “sí” incondicional que siempre te desarma y desbarata en tus planes y previsiones.
Creyente es aquel que responde con amor al Amor que es Dios. Por eso, cuando un creyente conoce la voluntad de Dios todo lo demás palidece, ya nada tiene importancia, ya todo queda relativizado.
*¿De verdad que somos creyentes, que respondemos con amor al Amor que es Dios, y que, en nuestra vida, ante la voluntad del Señor todo queda relativizado? Ojalá. Si fuera que sí, no lo dudéis, seríamos cristianos de verdad. Lo deseo.
Jesús nace en una familia que sabe aunar las penurias económicas, las dudas, las oscuridades y los malos tragos con la fidelidad de María y la lealtad de José. Fidelidad para con Dios y lealtad para con las personas.
Aparecen dificultades anunciadas y superadas, promesas hechas y cumplidas, fidelidades y lealtades vividas desde la obediencia y los malos tragos, por realizar el amor de Dios en uno mismo y procurar el bien de los demás. Así se cuajó a la familia de Jesús. Modelo para las nuestras.
La Salvación nos vino en el seno de una familia de personas normales, tanto José como María son admirables e imitables, no son de otra pasta ni de otro mundo. Los dos expresan con sus actos de obediencia y lealtad el amor que movía sus vidas.
El amor conduce a una comunicación en confidencia que espera, como respuesta, obediencia y fidelidad, entrega y donación personal: “José se despertó e hizo lo que le había mandado el ángel”
Sólo quien cree que lo inverosímil es posible es capaz de hacer de sus sueños una realidad, es capaz de trabajar para que sus utopías se cumplan y se realicen.
Quienes obedecen a Dios hacen de su historia personal una historia de Salvación. Estos son los que hacen que la Salvación se dé ahora y aquí.
Las historias personales de José y María nos muestran y demuestran que Jesús, la Salvación, nace allí donde-y-cuando alguien descubre que por encima de la ley está la fidelidad, la lealtad, la obediencia y el amor a Dios.
Jesús se encarnó y nació en una familia cuajada de amor y obediencia. Se hizo hombre por amor y para enseñarnos a amar. El amor fue causa y efecto de su nacimiento.
Dios se humaniza por amor. El amor humaniza a Dios al tiempo que diviniza al ser humano. El amor une humanidad y divinidad.
Dios es Amor. El amor nace de Dios. Amar es ser, sentir y vivir como Dios.
Amar es vivir a Dios-con-nosotros, que es lo que significa el nombre de Jesús. Es experiencializar o vivencializar al Enmanuel, al que nos libera.
El Adviento se acaba, nos toca examinar el amor que nos mueve. Evaluemos el Adviento, nuestra preparación para su Navidad.
Ante la Navidad, pongamos nuestra conciencia a examen.
CELEBRACIONES

Horarios
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h
Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.
Martes 23 diciembre:
10:00 h. Eucaristía
Miércoles 24 diciembre: NOCHEBUENA
19:00 h. Eucaristía del Pollito
Jueves 25 diciembre: NAVIDAD
12:00 h. Eucaristía
Viernes 26 diciembre:
10:00 h. Eucaristía
Sábado 27 diciembre:
19:00 h Eucaristía en sufragio de la familia Sanchis Segovia, Salvador Rodrigo y Amparo Tamarit, Roberto Riera Gabriel y Consuelo Balbastre Soria.
Domingo 28 diciembre: Sagrada Familia
10:00 h. Eucaristía por el pueblo
12:00 h. Eucaristía por el pueblo
NOTICIAS
El Arzobispo clausurará el Año Jubilar «Peregrinos de esperanza» el domingo 28 de diciembre, en la Catedral.
Con la celebración de una misa, a las 18 horas
Querido hermano sacerdote:
Durante este último año hemos recorrido como Iglesia el camino del jubileo. Un año Santo en el que recordando el 2025 aniversario del nacimiento de Cristo en nuestra carne la Iglesia ha querido hacer resonar en el corazón de cada creyente, y en la vida de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que en el mismo Cristo radica la fuente de la esperanza cristiana. El Papa Francisco nos decía en la Bula de convocatoria del Jubileo: “Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el Señor Jesús, «puerta» de salvación; con Él, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como «nuestra esperanza» (1 Tm 1,1).
La Iglesia diocesana, y en ella cada una de las comunidades cristianas nos hemos sentido peregrinos de esperanza, siguiendo el camino que Jesucristo nos propone para hallar la verdadera vida. En cada celebración jubilar, en las numerosas peregrinaciones que desde nuestra archidiócesis han acudido hasta la ciudad de Roma para venerar las reliquias de los Santos Pedro y Pablo, en cada momento de encuentro eclesial, y en las acciones de caridad que se han realizado, hemos sido llamados a acoger con alegría la gracia del jubileo y a recordar el significado de vivir en clave de conversión; incluso en tiempos como los nuestros, de manera que como levadura en medio de la masa, nuestras vidas sean un testimonio de esperanza para cada hermano nuestro.
Al llegar al fin de este año santo, el corazón de nuestra Iglesia valentina se siente lleno de gratitud al Señor por las experiencias vividas y las gracias que se han derramado sobre el pueblo de Dios que camina en Valencia hacia Cristo. Con este deseo de dar gracias de Dios, quisiera convocar a todos los sacerdotes y a todas las comunidades de nuestra Iglesia a participar de la Eucaristía de clausura del Año Jubilar que se celebrará en la Santa Iglesia Catedral de Valencia el próximo domingo 28 de diciembre a las 18:00 horas. Al final de este camino jubilar podemos afirmar lo que les decía el Papa León a los jóvenes en el jubileo de la juventud: “nuestra esperanza es Jesús. […] Mantengámonos unidos a Él, permanezcamos en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente y la caridad generosa”.
Que al finalizar este año seamos capaces de vivir y confesar así a Jesucristo. Solo en Él podemos poner nuestra esperanza.
28 DE DICIEMBRE, JORNADA DE LA SAGRADA FAMILIA 2025
La Iglesia celebra este año el domingo 28 de diciembre la Jornada de la Sagrada Familia con el lema «Matrimonio, vocación de santidad». La Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida es la encargada de elaborar los materiales para este día, que incluyen un folleto para orar en familia esta Navidad.
Al concluir este año jubilar, los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida reflexionan en su mensaje sobre el gran don de la vocación matrimonial y familiar, a la luz de lo vivido en el Congreso para las Vocaciones “Asamblea de llamados para la misión”, organizado por la Conferencia Episcopal Española en febrero de este año.
Los obispos subrayan que el camino vocacional de cada persona «es un plan único trazado por Dios», que se va revelando en el tejido real de la vida. En el caso del matrimonio, la llamada no se percibe habitualmente como una decisión previa y abstracta —como si primero uno descubriera su vocación al matrimonio y solo después encontrara a la persona adecuada—, sino que nace precisamente en el encuentro con alguien concreto».
Es en el amor hacia una persona determinada, explican en el mensaje, donde el hombre y la mujer descubren que Dios los llama a vivir una comunión estable y fecunda, a hacer de ese vínculo una entrega total y definitiva. De este modo, «cada historia de amor auténtico puede convertirse en lugar de llamada y de misión: el espacio donde Dios invita a los esposos a ser signo visible de su propio amor fiel y creador».
Además, la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida ha preparado un folleto para orar en familia esta Navidad y las estampas y carteles en los diferentes idiomas.
JORNADA
MUNDIAL DE LA PAZ. LEÓN XIV: QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS, ¡ABRÁMONOS A LA PAZ!
El mensaje del Pontífice con ocasión de la Jornada Mundial de la Paz 2026, reflexiona con las palabras de Jesús Resucitado: “La paz esté con todos ustedes”, exhortando a los compromisos del desarme del corazón, de la mente y de la vida. Además de los esfuerzos internacionales necesarios para alcanzar la paz en el mundo.
Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano
El mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del Papa León XIV, que es celebrada el 1 de enero del 2026, inicia recordando su saludo de inicio de pontificado que no es otro que el de Jesús Resucitado: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante”.
«Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente»
La paz de Cristo resucitado
El Pontífice quiere recordar que “Cristo, nuestra paz”, aquel “que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf. Ef 2,14) es el Buen Pastor”.
“La paz tiene el aliento de lo eterno -dice el Papa-; mientras al mal se le grita ‘basta’, a la paz se le susurra ‘para siempre’. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado”.
Y citando a San Agustín, recuerda su llamado a las comunidades a la paz: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás» (Sermón 357, 3).
Una paz desarmada
El Papa León XIV en su mensaje hace también referencia a la paz desarmada del Señor: “Envaina tu espada» (Jn 18,11; cf. Mt 26,52). Y reitera que "desarmada fue su lucha, dentro de circunstancias históricas, políticas y sociales precisas. Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices”.
“Cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra para alcanzarla”
Una paz desarmante
En la tercera parte del mensaje el Pontífice hace referencia la bonda de Dios haciéndose niño, en la Encarnación, que “se manifiesta en el pesebre de Belén”.
Y hace un llamado a que “un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas. Las grandes tradiciones espirituales, así como el recto uso de la razón, nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos, más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante y rechazan al que es diferente”.
“Es el camino desarmante de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional, tristemente desmentido por las cada vez más frecuentes violaciones de acuerdos alcanzados con gran esfuerzo, en un contexto que requeriría no la deslegitimación, sino más bien el reforzamiento de las instituciones supranacionales”

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