HOJA PARROQUIAL
CELEBRACIONES

Horarios
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h
Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.
Martes 23 junio:
10:00 h. Eucaristía
Miércoles 24 junio:
10:00 h. Eucaristía
Jueves 25 junio:
10:00 h. Eucaristía
Viernes 26 junio:
10:00 h. Eucaristía
Sábado 27 junio:
19:00 h Eucaristía en sufragio de la familia Sanchis Segovia, Salvador Rodrigo y Amparo Tamarit, Roberto Riera Gabriel y Consuelo Balbastre Soria.
Domingo 28 junio:
10:00 h. Eucaristía por el pueblo
12:00 h. Eucaristía por el pueblo
NOTICIAS
EL PAPA LEÓN XIV, SUCESOR DE SAN PEDRO
Carta del Arzobispo de Valencia
Hemos vivido unas jornadas intensas con la visita apostólica del papa León XIV a nuestro país. A lo largo de estos días hemos podido participar, bien personalmente o a través de los medios de comunicación, en celebraciones de la Eucaristía, momentos de oración, encuentros con el Pueblo de Dios y con las autoridades de la nación; y hemos podido comprobar el afecto que el pueblo ha querido manifestar al sucesor de Pedro, así como su cercanía a todas las personas que se han acercado a él: enfermos, presos, inmigrantes, niños que han recibido su bendición, voluntarios de instituciones eclesiales que ayudan a los más necesitados, jóvenes, representantes del mundo de la cultura y del arte, autoridades, obispos, etc… En estas personas estamos representados todos. Esta visita, con independencia de las palabras y de los mensajes que nos ha dirigido, es, en sí misma, un acontecimiento de gracia para nuestra iglesia, porque la comunión con el Santo Padre se ha ido fortaleciendo a lo largo de estos días. El papa León XIV se ha ganado el afecto de todos.
A lo largo de toda esta semana hemos vivido momentos que nos han impactado por la simpatía que el Papa ha mostrado con todos, por las multitudes que han participado en los distintos encuentros, por la belleza de las celebraciones litúrgicas que nos han admirado, por el impacto que nos han producido algunos de los testimonios que algunos jóvenes han compartido, y por la fuerza de sus palabras, en las que se percibe, al mismo tiempo, la verdad del Evangelio y la delicadeza y respeto con la que los cristianos estamos llamados a dar razón de nuestra esperanza. El Santo Padre no solo nos ha recordado el contenido del mensaje que estamos llamados a anunciar, sino que nos ha indicado el modo de anunciarlo para que sea acogido y llegue a transformar el corazón de nuestro mundo.
A menudo podemos caer en el peligro de pensar que el Papa ha hablado principalmente a los “otros”: a las autoridades, a quienes no participan en la vida de la Iglesia o incluso a los no cristianos. No nos podemos acercar a su palabra con esta actitud. Los católicos somos los primeros que hemos de hacer un pequeño examen de conciencia preguntándonos cómo estamos viviendo nuestra fe y nuestro ser iglesia en este momento de la historia. El Papa es el pastor de la Iglesia universal y, por ello, su palabra va dirigida, en primer lugar, a los católicos. Nos alegra también que sus discursos hayan sido aplaudidos por representantes de la sociedad y por las autoridades del país, porque, aunque somos los primeros que tenemos la obligación de escucharlas y acogerlas, queremos que el mensaje del Evangelio transforme los corazones de todos y también nuestro mundo. Sería bonito que el recuerdo de esta visita no se redujera a un sentimiento pasajero, sino que hiciéramos un esfuerzo por releer sus palabras y por encontrar caminos para llevarlas a la práctica. Por ello, durante las próximas semanas iré comentando algunos mensajes que el Papa nos ha dejado.
Hoy, cuando estamos cerca de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, después de haber vivido estos días de gracia y de comunión, quiero invitaros a rezar por el Papa y a ayudarlo en sus necesidades.
EL PAPA AGRADECE «LA GRAN ACOGIDA Y LA APERTURA A
LA ESCUCHA» EN SU VIAJE A ESPAÑA
El Papa León XIV ha expresado su alegría, en la audiencia general de hoy, 17 de junio, por la gran acogida en su viaje apostólico a España. «El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto», ha afirmado.
Además, ha recordado «la ríquisima tradición católica de España», donde se ha sentido «acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales».
Catequesis íntegra – El Viaje apostólico a España
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Hoy deseo proponer algunas reflexiones sobre el viaje apostólico a España que realicé la semana pasada para visitar Madrid, Barcelona, la abadía de Montserrat y las islas Canarias
Después del largo viaje a cuatro países africanos, esta vez me he encontrado inmerso en un país europeo de antigua y riquísima tradición católica. Y ha quedado claro que en la España de hoy, que ha conocido notables cambios sociales y culturales, el Papa ha sido acogido en todas partes con entusiasmo y apertura a la escucha. Doy gracias por ello a Dios y a todo el pueblo español, al Rey y a las autoridades civiles, a los obispos y a las comunidades eclesiales.
El pueblo de Dios me ha confortado grandemente con la festiva manifestación de su fe y de su afecto. Por mi parte, he confirmado a los fieles y, como obispo de Roma, los he animado a superar cualquier forma de división y de contraposición, y a cultivar siempre la comunión, el diálogo, la unidad en la diversidad. Este es el servicio propio del Sucesor de Pedro, servicio que en los viajes apostólicos encuentra una expresión específica, siempre adecuada a las situaciones eclesiales y sociales de los países visitados.
En el caso de España, he podido notar con alegría cómo la gente, de todas las edades y condiciones, esperaba la visita del Papa: en todas partes he encontrado multitudes que me han dado la bienvenida con gran cariño. Este hecho no era algo que se pudiera dar por sentado, y merece una reflexión. Naturalmente, esta participación expresa, ante todo, como decía, la fe del pueblo español; al mismo tiempo, considero que manifiesta la necesidad generalizada de reencontrarse unidos sobre un fundamento verdadero y profundo, no ideológico ni de interés parcial. Ese fundamento que solo Cristo, en último término, puede asegurar, y que el Evangelio, a través de las necesarias “inculturaciones”, puede transmitir a la vida de los pueblos. Puede hacerlo porque su mensaje responde plenamente a estas dos exigencias: la búsqueda de la verdad y la sed de justicia.
En Madrid y Barcelona, nos hemos reunido en las grandes catedrales, así como en los modernísimos estadios. Hemos rezado el Santo Rosario en la abadía de Montserrat. Hemos celebrado en la Sagrada Familia, símbolo majestuoso, sinfonía de piedra y luz que habla a todos del misterio cristiano. Este encuentro de lo antiguo y lo moderno, de la tradición católica y la cultura contemporánea, me ha hecho percibir directamente el carácter propio de Europa, su riqueza inestimable, como realidad actual, no superada. Se trata de un patrimonio que hay que custodiar con cuidado, para poder invertirlo en el hoy global con sus desafíos históricos: la paz, la ecología integral, el desarrollo equitativo y sostenible, el respeto a la dignidad humana. Son desafíos que el Concilio Vaticano II ya había reconocido claramente, y sobre los que ha regresado el Magisterio sucesivo, hasta mi reciente Encíclica Magnifica humanitas, que tiene como objetivo la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.
He percibido, a través de los diversos encuentros, la necesidad de escuchar en la voz del Papa el Evangelio de la esperanza para esta humanidad nuestra de hoy, tan afectada por las consecuencias negativas de un modelo de desarrollo engañoso. Esta necesidad, que ha encontrado expresión en los numerosos testimonios que he podido escuchar -testimonios unas veces conmovedores, otras edificantes-, la he encontrado también, y sobre todo, en los rostros de los pequeños y de los pobres que he encontrado: del niño que en la parroquia me ha leído su carta; de algunas de las víctimas de abusos que piden ser escuchadas; de los detenidos que me esperaban en la cárcel; de los jóvenes llenos de inquietudes y de proyectos; de los migrantes en los centros de acogida de las Canarias.
Precisamente allí, en las islas Canarias, última etapa de nuestro itinerario, he encontrado una clave de interpretación general. Me la han ofrecido, por una parte, la misma posición geográfica del archipiélago; y, por otra, la realidad de una Iglesia local que acoge a un gran número de migrantes forzados, procedentes sobre todo de África. Sabemos que el fenómeno migratorio es complejo y que requiere planes de acción orgánicos y concertados. Pero esta clave de interpretación abre una perspectiva diversa y más amplia: nos hace entender que estamos llamados a releer el Evangelio en el mundo de hoy intercambiándonos los dones de nuestras respectivas culturas y, en especial, los frutos que produce en ellas la fecundidad del mensaje de Cristo. Y uno de estos frutos es precisamente el diálogo entre las personas y entre los pueblos, el encuentro con espíritu de fraternidad, que permite descubrir y apreciar recíprocamente los valores de los que el otro es portador. Este camino no es fácil; requiere buena voluntad y la ayuda de Dios, pero es el camino que conduce a la civilización del amor.
Queridos hermanos y hermanas, el lema de este viaje apostólico era “Alzad la mirada” (cfr. Jn 4,35). Son palabras que Jesús dirige a sus primeros discípulos para enseñarles a ver en las personas y en las multitudes el deseo de vida, de verdad, de plenitud. El Señor repite estas palabras, a mí el primero, y con su gracia lo he experimentado durante el viaje. Hoy quisiera compartir con ustedes esta invitación: ¡alcemos la mirada! Aprendamos de Jesús a mirar al prójimo, la gente, el mundo, “con los ojos de Dios”, es decir, con amor, respeto y compasión.

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