HOJA PARROQUIAL
26 de MAYO de 2024 - DOMINGO de la SANTÍSIMA TRINIDAD
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Comentario de Benjamín Oltra
La Trinidad fue antes una práctica que una teoría, que una idea. Brotó de la experiencia de Dios que tuvieron los primeros cristianos, que igual le llamaban Padre, que Hijo o que Espíritu Santo. Lo experimentaron como los judíos del momento, como Señor de los ejércitos, pantocrátor todopoderoso, Dios-más-allá-de-nosotros al que llaman Padre; lo experimentan como Dios-con-nosotros, que apuesta a nuestro favor y al que llaman Hijo; y como Dios-en-nosotros al que llaman Espíritu Santo, que es lo que los creyentes sienten de Dios o del paso de Dios por su vida y por su mundo. Repito, Dios es ante todo una experiencia. Dios mismo en tres modos de experiencia, en tres “personas” (per-sonare).
Hablar de Dios es hablar analógica
y metafóricamente, a nosotros nos es imposible. Nos desborda,
nos rebasa. Solo lo intentamos.
El concepto
de Dios como Trinidad se depuro a lo largo
de casi cuatrocientos años, fue en los concilios de Nicea (año 325) y Constantinopla (año 381) donde se definió, acotó y aclaró
la divinidad de las tres personas que la forman. Entrar en disquisiciones al respecto no nos interesa. Veremos
qué supone creer en el Dios en cuyo nombre fuimos bautizados.
Se nos bautizó “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, en
el nombre de la Trinidad
que hoy celebramos. Tres modos de ver, sentir
y vivir a Dios.
Lo que celebramos, tanto
es el misterio de un Dios incomprensible como el misterio
de la complejidad y comprensión del ser humano. Dios/Trinidad anima y enriquece nuestra vida como misterio de comunión con todos y con todo.
El misterio de
Dios/Trinidad es el misterio del ser humano, una de esas verdades que solo se comprenden desde el
corazón. Hay verdades
que sólo comprendemos desde el corazón y el afecto, pues son de su patrimonio, que nacen y se sostienen desde la emoción.
Hablar de Dios/Trinidad es hablar de Dios/Amor y de su icono, el ser humano, hombre
y mujer.
Confesamos que fuimos creados
“a su imagen y semejanza”, que somos, por tanto, iconos del Dios que es Trinidad, un Dios que es unión indisoluble de personas, que es común-unidad-de-personas.
Esto supone
que, por diseño,
somos incapaces de alcanzar la realización, la plenitud
o la salvación por nosotros
mismos, solos y asolas. Porque al ser “imagen y semejanza
de Dios” somos un “yo” que busca un “tú” en quien encontrarse, unirse
y realizarse. Sin ese “tú”, sin los demás somos muy poca cosa,
de nada valemos.
Vivir unidos a los “otros” sin división
ni fisura alguna con ellos es nuestra vocación.
Vivir en la común/unión es condición sine qua non para la felicidad y la salvación. Por diseño, el ser humano es trinitario. La comunión con los que nos rodean
es nuestra vocación.
Nacimos por amor -Dios es amor- y nacimos para amar, para ser imagen suya, para ser Trinidad,
unión indisoluble de personas.
Por el amor accedemos
desde nuestra humanidad a la divinidad. Solo al amar alcanzamos a comprender
a Dios, que es Trinidad. Entenderlo es otra cosa. La vivencia amorosa
es mucho más rica que el discurso
o la disertación; por eso, una cosa es comprender y otra muy distinta entender.
El amor, esa típica forma de relación humana, nos revela no solo el corazón humano
sino también la esencia
divina.
Amar es necesitar vitalmente a otra/as
personas, que son las que llenan
nuestra vida; sin ellas somos poco menos que nada, ellas son nuestro complemento, nos completan, nos hacen sentir completos.
Afortunadamente, por creer en un Dios que es Trinidad, unión indisoluble de personas,
nuestra religión no nos exige amar a Dios en exclusiva, sino que nos amemos
los unos a los otros como Él nos ama.
Lo que realmente nos importa es estar con Dios y sabernos amados y habitados por Él hasta el punto de encontrarle y sentirle en los hermanos.
No hay espectáculo más desolador que ver a los cristianos yuxtapuestos, sentados los unos al lado de los otros sin importarse, sin sentirse ni amarse
celebrando juntos la Eucaristía.
Cuando esto ocurre, el signo se hace insignificante, cada uno para sí y Dios para todos.
Desaparece el sentido
trinitario del cristianismo.
Post data. -
Para mí lo difícil no es creer que Dios sea Trinidad,
lo difícil es creer en un Dios que no sea Trinidad.
CELEBRACIONES

Horarios Invierno
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h.
Martes 28 mayo:
10:00 h. Eucaristía.
Miércoles 29 mayo:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Vanesa Vicedo Gracia y familiares difuntos.
Jueves 30 mayo:
10:00 h. Eucaristía.
Viernes 31 mayo:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Rafa Porcar Escriche.
Sábado 1 junio:
Domingo 2 junio: Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (B)
➤ 10:00 h. Eucaristía en sufragio de Joaquín Juan Ballena.
➤ 12:00 h. Eucaristía por el pueblo.
NOTICIAS
JORNADA DE LA VIDA CONTEMPLATIVA
Carta del Arzobispo de Valencia
La celebración de la solemnidad de la Santísima Trinidad nos lleva a recordar cada año a los monjes y monjas que viven su seguimiento de Cristo dedicados a la oración y a la contemplación. Ellos en su oración se acuerdan de nosotros en la presencia de Dios. Que esta jornada sirva para que en la Iglesia valoremos su oración y su testimonio, para que agradezcamos a Dios la generosidad de tantas vidas entregadas por la santificación del mundo y para que oremos por ellos y seamos sensibles a sus necesidades.
La vocación contemplativa es una aventura espiritual que nos descubre el deseo más profundo que hay en el corazón de todo hombre, que no es otro que buscar y encontrar a Dios. Aunque muchas veces se viva de un modo inconsciente, este deseo, que se manifiesta de múltiples formas, es algo fundamental en la vida de toda persona. Vivimos en un mundo en el que el ambiente cultural que nos envuelve aleja a Dios del horizonte de la vida humana; esto lleva a que muchos se vuelvan insensibles a su presencia, por lo que las vocaciones a la vida contemplativa adquieren un valor testimonial: nos recuerdan el lugar que Dios debe ocupar en la vida de los hombres y del mundo, que no puede ser algo secundario, sino que debe estar en el centro. Quienes optan por este camino de seguimiento de Cristo no anteponen nada a su amor. Este es el secreto de la alegría que se percibe en los monasterios.
Jornadas de vicarios y delegados diocesanos para el clero, del 27 al 29 de mayo
«La oración en la vida y ministerio del sacerdote» es el tema de las Jornadas nacionales de vicarios y delegados diocesanos para el clero, que se celebran del 27 al 29 de mayo en Madrid. La presentación de las mismas, el lunes 27 de mayo, por la tarde, correrá a cargo de Mons. Jesús Pulido Arriero, presidente de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios; y de Mons. Jesús Vidal Chamorro, presidente de la Subcomisión de Seminarios.
Francisco: Sirviendo a los demás se construye el bien común
Durante la audiencia a la Comisión Internacional del Apostolado Educativo de la Compañía de Jesús el Papa subrayó la urgencia de descentrarnos de nosotros mismos «para percibir a los demás», especialmente a aquellos que están en los márgenes de nuestras sociedades y que no sólo necesitan nuestra ayuda, sino que también «tienen mucho que enseñarnos y ofrecernos». Es necesario un nuevo pacto educativo global, para «crear un futuro lleno de esperanza», les dijo.
Queridos hermanos y hermanas:
Este lunes volvíamos al tiempo ordinario con la memoria de Santa María, Madre de la Iglesia. Y hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. ¡Ya estamos todos; la familia al completo! ¡Con la Trinidad y María, lo necesario ya está!
La misión es una cuestión de familia. La llamada es personal, el Señor nos llama a cada uno por nuestro nombre, pero el envío es comunitario (“Id y haced discípulos, … bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles …”). La proyección de estar unidos a Dios es en comunidad.
El Reno de Dios debe “mostrarse” y no hablamos de “demostrarse”. Debemos mostrar el amor que nos tenemos. El amor en la Trinidad es dinámico, fecundo, vivo, actual, diario y gratuito.
Que como comunidad parroquial, unidos a María y a la Santísima Trinidad, podamos vivir esa misión de mostrar el Reino de Dios en familia, viviendo lo mismo que ellos viven; amándonos unos a otros.
Os saluda y bendice, vuestro cura y amigo, Olbier.
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