HOJA PARROQUIAL
12 DE OCTUBRE DE 2025 - 28º TIEMPO ORDINARIO
“Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos, les dijo: “Id a presentaros a los sacerdotes”. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: “¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?” Y le dijo: tu fe te ha salvado”
Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín
Los que nunca encuentran motivos para dar gracias a Dios, ¿en qué Dios creerán? En el de Jesús no, en cualquier otro.
No encontrar motivos para dar las gracias, como no tener a nadie a quién dárselas, predispone a juzgar y a condenar.
Sin consciencia-experiencia de haber sido agraciado es difícil ser agradecido, y eso, quieras que no, deshumaniza. Predispone al juicio, a la crítica y a la condena.
Una religión que no conduzca a sentirse agraciado y agradecido confiesa un Dios inhumano, presenta una imagen inhumana de Dios.
Las gentes que no dan las gracias lo hacen por dos razones: o bien porque son y se saben ricos, fuertes, poderosos y con derechos, o son de los que no deben nada a nadie porque nunca nadie les hizo un regalo.
Los diez leprosos no eran ricos, ni fuertes, ni poderosos; pero los que no volvieron, se sabían judíos, se sabían con derechos.
Cuando uno se sabe cargado de razón y de derechos, pero le falta la caridad, la capacidad de agradecimiento, es un engreído que se incapacita para amar. Qué pena.
Nada más gratuito que el amor, que es gratuito y necesario, pero nunca es superfluo. ¿Os imagináis una vida sin amor? Nada más triste, es el reinado del egoísmo.
Dar las gracias es la forma más genuina de expresar el amor que se recibe. Saber dar las gracias es saber responder al amor con más amor. No lo olvidéis, saber amar es saber dar las gracias.
Quien pierde su capacidad de agradecer y de ser agradecido pierde su capacidad de amar; ese se sabe con derechos y es un insoportable.
Cuando uno da las gracias “se le pone el corazón en luna llena”, sabe lo que es la felicidad y experimenta la salvación.
Los ricos, los que no dan las gracias tienen el corazón en “cuarto menguante”, no saben compartir ni un pedacito de cariño. Estos, quieran que no, tienen muy difícil su felicidad y salvación.
Hoy no puedo olvidar a San Irineo de Lion, que afirmaba: “Lo que da gloria a Dios es lo que llena de vida al hombre”
Fijándome en Jesús, diré: Quien evita el dolor o el sufrimiento y dignifica la vida de los demás, honra y glorifica a nuestro Dios.
En el momento histórico de Jesús los pecados se purgaban de forma personal por culpa propia o por culpa heredada, (por ejemplo la lepra); sin embargo, en nuestro mundo y en nuestro momento actual lo que se hereda es la pobreza, ( que es una lacra).
El hambre es la lepra y la lacra de nuestro siglo; el hambre crea exclusión y la exclusión crea paro y hambre.
Nuestro Dios es el Dios de la vida. La mejor forma de alabarle es celebrando la vida, dando vida, luchando contra lo que da muerte: el hambre, el paro, la exclusión. Vivir para un cristiano es amar y servir al necesitado, que, además, es la forma genuina de honrar a Dios Padre.
Ante el sufrimiento ajeno hay que hacer algo: darle solución solidarizándonos con el que sufre; no podemos resignarnos a vivir ignorando pasivamente el dolor y la miseria ajenas.
Desde nuestra relativa y cómoda existencia trabajaremos para erradicarlo.
Tanto me salvan los que me aman, los que gracias a ellos vivo, como me salvan los que salvo, los que ayudo a vivir.
Tanto salvan los que me dan las gracias como los que yo tengo que dárselas. La salvación se da en racimo, como las cerezas, unos arrastran y salvan a otros.
Os recuerdo lo que ya sabéis, que el amor se expresa en la obediencia y la fe en el agradecimiento. Jesús, dice: “Tú fe te ha salvado”, más bien lo que le salvo fue su agradecido. Puesto que lo que le hizo un hombre-nuevo, fue volver para dar las gracias, “Levántate, vete”.
Aquí, como siempre, no hay ni muestra de proselitismo. En Jesús todo es pura gratuidad, así es el amor. Dios quiere nuestra salvación, que seamos felices ahora y aquí, que tengamos y sepamos dar las gracias, pues su Reino ya ha comenzado.
CELEBRACIONES

Horarios
Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h
Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.
Martes 14 octubre:
10:00 h. Eucaristía
Miércoles 15 octubre:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de la familia Pallardó Casamayor y José Benavent
Jueves 16 octubre:
10:00 h. Eucaristía
Viernes 17 octubre:
10:00 h. Eucaristía
Sábado 18 octubre:
19:00 h Eucaristía
Domingo 19 octubre:
10:00 h. Eucaristía en sufragio de Carlos Alapón Tomás y difuntos de la familia
12:00 h. Eucaristía por el pueblo
NOTICIAS
DÍA DEL DOMUND
Carta del Arzobispo de Valencia
El domingo 19 de octubre celebraremos la jornada que anualmente dedicamos a recordar el compromiso misionero de toda la Iglesia, un domingo conocido popularmente como el día del DOMUND. De un modo especial oraremos por las misioneras y misioneros que, movidos por el amor al Señor y a toda la humanidad, han dejado su tierra y viven y trabajan en países en los que muchas personas todavía no han oído hablar de Jesucristo, a menudo en medio de situaciones de pobreza y de conflictos y colaborando con iglesias jóvenes que sin nuestra ayuda no podrían mantenerse. Actualmente son 160 los misioneros nacidos en nuestra diócesis. Nos sentimos unidos a ellos y de un modo especial los tendremos presentes en las celebraciones de la Eucaristía y en nuestra oración.
El lema para esta jornada, en consonancia con el año jubilar que estamos celebrando, nos recuerda que estos hermanos nuestros son Misioneros de esperanza entre los pueblos. Aunque la vida de toda la Iglesia tiene una dimensión misionera, porque ella existe para anunciar el Evangelio, podemos afirmar que la misión toma carne en aquellos cristianos y cristianas que han sentido la llamada del Señor a entregar totalmente su vida al anuncio del Evangelio y han respondido con generosidad. Sin ellos, resulta imposible llevar adelante esta dimensión constitutiva de la Iglesia. Por ello, hacemos nuestras las palabras que el papa Francisco les dirigió en el mensaje para el DOMUND de este año: “¡Gracias de todo corazón!… ustedes señalan la vocación de todos los bautizados a ser misioneros de esta inmensa esperanza que nos concede Jesús, el Señor”.
MENSAJE A LAS COMUNIDADES JUDÍAS DE ESPAÑA 2025
La Subcomisión para Relaciones Interconfesionales y Dialogo Interreligioso de la CEE, integrada en la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, dirige un mensaje a las comunidades judías en España con motivo de las celebraciones propias del mes de octubre, siendo estas el año nuevo o Rosh Hashaná, el día del perdón o Yom Kippur y la fiesta de las tiendas o Sucot.
El documento invita a ser «juntos testigos de la esperanza que no se marchita» y «testigos del Dios fiel que siempre cumple sus promesas». Todo ello en el marco de la fiesta de la construcción de la sucá, que «conmemora la peregrinación del pueblo hebreo por el desierto hacia la tierra prometida» y que muestra al «Dios de la Promesa» que «cuida paternalmente a sus hijos». «Una peregrinación de esperanza que une espiritualmente a cristianos y judíos de una forma especial en este año en el que la Iglesia católica ha convocado el Jubileo de la Esperanza», detalla el texto firmado por Mons. Ramón D. Valdivia Giménez, presidente de la Subcomisión Episcopal, y por Rafael Vázquez Jiménez, director del Secretariado de la misma Subcomisión.
Por último, el mensaje muestra su tristeza ante «los graves acontecimientos» que impiden que la alegría de estas fiestas sea «plena». «La comunidad cristiana hace suyo este dolor y sigue orando insistentemente por la liberación de todos los rehenes israelíes y el alto el fuego en Gaza, de manera que pueda alcanzarse una paz justa y duradera», concluye el documento.
“DILEXI TE”, LEÓN XIV: NO SE PUEDE SEPARAR LA FE DEL AMOR POR LOS POBRES
Se ha publicado la primera exhortación apostólica de Robert Francis Prevost, un trabajo iniciado por Francisco sobre el tema del servicio a los pobres, en cuyo rostro encontramos “el sufrimiento de los inocentes”. El Papa denuncia la economía que mata, la falta de equidad, la violencia contra las mujeres, la desnutrición y la emergencia educativa.
Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano
Dilexi te, "Te he amado" (Ap 3,9). El amor de Cristo que se hace carne en el amor a los pobres, entendido como cuidado de los enfermos; lucha contra la esclavitud; defensa de las mujeres que sufren exclusión y violencia; derecho a la educación; acompañamiento a los migrantes; limosna que “es justicia restaurada, no un gesto de paternalismo”; equidad, cuya falta es “raíz de los males sociales”. León XIV firma su primera exhortación apostólica, Dilexi te, un texto de 121 puntos que brota del Evangelio del Hijo de Dios, que se hizo pobre desde su entrada en el mundo y que relanza el Magisterio de la Iglesia sobre los pobres en los últimos ciento cincuenta años. “Una auténtica fuente de enseñanzas”.
Siguiendo los pasos de sus predecesores
Con este documento firmado el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, el Pontífice agustino sigue los pasos de sus predecesores: Juan XXIII, con su llamamiento a los países ricos en Mater et Magistra para que no permanecieran indiferentes ante los países oprimidos por el hambre y la miseria (83); Pablo VI, con la Populorum progressio y su intervención en la ONU “como abogado de los pueblos pobres”; Juan Pablo II, que consolidó doctrinalmente “la relación preferencial de la Iglesia con los pobres”; Benedicto XVI y la Caritas in Veritate, con su lectura “que se hace más marcadamente política” de las crisis del tercer milenio. Por último, Francisco, que ha hecho del cuidado “por los pobres” y “con los pobres” uno de los pilares de su pontificado.
Una obra iniciada por Francisco y retomada por León
Fue precisamente Francisco quien, en los meses previos a su muerte, había comenzado a trabajar en la exhortación apostólica. Al igual que con la Lumen Fidei de Benedicto XVI, retomada en 2013 por Jorge Mario Bergoglio, también en esta ocasión es el sucesor quien completa la obra, que representa una continuación de la Dilexit nos, la última encíclica del Papa argentino sobre el Corazón de Jesús. Porque es fuerte el “vínculo” entre el amor de Dios y el amor a los pobres: a través de ellos, Dios “sigue teniendo algo que decirnos”, afirma el Papa León. Y recuerda el tema de la “opción preferencial” por los pobres, expresión nacida en América Latina (16) no para indicar “un exclusivismo o una discriminación hacia otros grupos”, sino “la acción de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad”.
“En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo” (9).
Los “rostros” de la pobreza
Son numerosos los motivos de reflexión y los impulsos a la acción en la exhortación de Robert Francis Prevost, en la que se analizan los “rostros” de la pobreza. La pobreza de “los que no tienen medios de sustento material”, “del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades”, la pobreza “moral”, “espiritual”, “cultural”; la pobreza “del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad” (9).
Nuevas formas de pobreza y falta de equidad
Ante este panorama, el Santo Padre considera “insuficiente” el compromiso para eliminar las causas estructurales de la pobreza en sociedades marcadas “por numerosas desigualdades”, por la aparición de nuevas formas de pobreza “más sutiles y peligrosas” (10), por normas económicas que han aumentado la riqueza, “pero sin equidad”.
“La falta de equidad es raíz de los males sociales” (94).
La dictadura de una economía que mata
“Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual”, afirma León XIV (13). Desde este punto de vista, sostiene que “es encomiable el hecho de que las Naciones Unidas hayan puesto la erradicación de la pobreza como uno de los objetivos del Milenio”.
Cultura del descarte, libertad de mercado, pastoral de las élites
Todo esto es señal de que aún persiste —“a veces bien enmascarada”— una cultura del descarte que “tolera con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o sobrevivan en condiciones indignas del ser humano” (11). El Pontífice condena entonces los “criterios pseudocientíficos” según los cuales será “la libertad de mercado” la que llevará a la “solución” del problema de la pobreza, así como la “pastoral de las llamadas élites”, según la cual “en vez de perder el tiempo con los pobres, es mejor ocuparse de los ricos, de los poderosos y de los profesionales”.
“En efecto, muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos” (94).
Transformar la mentalidad
Lo que el Sucesor de Pedro preconiza es, por lo tanto, “un cambio de la mentalidad”, liberándose ante todo de la “ilusión de una felicidad que deriva de una vida acomodada”. Esto mueve a muchas personas a una visión de la existencia centrada en la riqueza y el éxito social “a toda costa”, incluso en detrimento de los demás y a través de “sistemas políticos y sociales injustos” (11).
“La dignidad de cada persona humana debe ser respetada ahora, no mañana” (92).
En cada migrante rechazado está Cristo llamando a la puerta
León XIV dedica un amplio espacio al tema de las migraciones. Acompaña a sus palabras la imagen del pequeño Alan Kurdi, el niño sirio de 3 años que en 2015 se convirtió en símbolo de la crisis migratoria europea con la foto de su pequeño cuerpo sin vida en una playa. “Lamentablemente, aparte de alguna emoción momentánea, hechos similares se están volviendo cada vez más irrelevantes, reduciéndose a noticias marginales” (11), constata el Pontífice.
Las mujeres víctimas de violencia y exclusión
El Sucesor de Pedro se refiere luego a la actualidad, signada por miles de personas que mueren cada día “por causas vinculadas a la malnutrición” (12). “Doblemente pobres”, añade, son “las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos” (12).
“Los pobres no están por casualidad”
León XIV reflexiona profundamente sobre las causas mismas de la pobreza: “Los pobres no están por casualidad o por un ciego y amargo destino. Menos aún la pobreza, para la mayor parte de ellos, es una elección. Y sin embargo, todavía hay algunos que se atreven a afirmarlo, mostrando ceguera y crueldad”, subraya (14). “Obviamente entre los pobres hay también quien no quiere trabajar”, pero también hay muchos hombres y mujeres que recogen cartones desde la mañana hasta la noche solo para “sobrevivir” y nunca para “mejorar verdaderamente” su vida. En resumen, se lee en uno de los puntos centrales de Dilexi te, “no podemos decir que la mayor parte de los pobres lo son porque no hayan obtenido ‘méritos’, según esa falsa visión de la meritocracia en la que parecería que sólo tienen méritos aquellos que han tenido éxito en la vida” (14).
Ideologías y orientaciones políticas
A veces, observa el Papa León, son los propios cristianos los que se dejan “contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas”.
Hay quienes siguen diciendo: “Nuestra tarea es rezar y enseñar la verdadera doctrina”. “Pero, desvinculando este aspecto religioso de la promoción integral, agregan que sólo el gobierno debería encargarse de ellos, o que sería mejor dejarlos en la miseria, para que aprendan a trabajar” (114).
La limosna, a menudo despreciada
Un síntoma de esta mentalidad es el hecho de que el ejercicio de la caridad resulte a veces “despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial” (15). León XIV se detiene largamente en la limosna, raramente practicada y a menudo despreciada (115).
“Como cristianos, no renunciamos a la limosna. Es un gesto que se puede hacer de diferentes formas, y que podemos intentar hacer de la manera más eficaz, pero es preciso hacerlo. Y siempre será mejor hacer algo que no hacer nada. En todo caso nos llegará al corazón. No será la solución a la pobreza mundial, que hay que buscar con inteligencia, tenacidad y compromiso social. Pero necesitamos practicar la limosna para tocar la carne sufriente de los pobres” (119).
Indiferencia por parte de los cristianos
En la misma línea, el Obispo de Roma se refiere a “la carencia o incluso la ausencia de compromiso” con la defensa y promoción de los más desfavorecidos en algunos movimientos o grupos cristianos (112). Si una comunidad eclesial no coopera en la inclusión de todos, advierte, “también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos” (113).
“Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres” (36).
El derecho a la educación
El Pontífice recuerda además el ejemplo de San José de Calasanz, quien fundó la primera escuela popular gratuita de Europa (69), para subrayar la importancia de la educación de los pobres: “No es un favor, sino un deber”.
“Los pequeños tienen derecho a la sabiduría, como exigencia básica para el reconocimiento de la dignidad humana” (72).
La lucha de los movimientos populares
En la exhortación, el Sucesor de Pedro también hace referencia a la lucha contra los “destructores efectos del imperio del dinero” por parte de los movimientos populares, dirigidos por líderes “muchas veces bajo sospecha o incluso perseguidos” (80). Estos, sostiene, “nos invitan a superar ‘esa idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres pero nunca con los pobres, nunca de los pobres’” (81).
Una voz que despierte y denuncie
En las últimas páginas del documento, el Santo Padre hace un llamamiento a todo el Pueblo de Dios para que haga oír, “de diferentes maneras, una voz que despierte, que denuncie y que se exponga, aun a costo de parecer ‘estúpidos’”.
Los pobres, no un problema social, sino el centro de la Iglesia
Es necesario que “todos nos dejemos evangelizar por los pobres”, exhorta el Papa (102). “El cristiano no puede considerar a los pobres sólo como un problema social; estos son una ‘cuestión familiar’, son ‘de los nuestros’”. Por consiguiente, “nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia” (104).
“Los pobres están en el centro de la Iglesia” (111).
AVISOS
➤ Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).

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