BUSQUEDA DE IDIOMA

BÚSQUEDA POR FECHAS

DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN - Ciclo A

HOJA PARROQUIAL

5 DE ABRIL DE 2026 -  DOMINGO  DE PASCUA DE RESURRECCIÓN


Lectura del santo evangelio según San Mateo (28,1-10)

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló la fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era como de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: “Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado”. Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y dijo: “Alegraos”. Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo:” No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”

Palabra del Señor
________________________________________________

Comentario de Benjamín

Los que matan profetas por ganar paz dan miedo y pierden su futuro. Y sólo los que aman al profeta pierden el respeto a los que dan miedo. Es te es caso de las mujeres del evangelio.

A diferencia de los hombres, las dos Marías de hoy no tuvieron miedo.

Amaban de veras a Jesús. Estando vivo, lo siguieron y sirvieron; muerto, lo visitan en su sepulcro como su último gesto de cariño.

Seguir, servir, visitar…, expresiones del amor; pero el amor no se agota en sus expresiones, no se agota ni en uno ni en mil besos.

El amor no se agota nunca. Nos transforma. Nos cambia. Nos hace la pascua. En este caso las hizo apóstoles.

Creer en la resurrección del Señor, estar convencidos de que vamos a resucitar, de cobardes egoístas nos hace libres y generosos.

Ya nada nos puede retener, ha llegado nuestra Pascua, estamos dispuestos al cambio, no tenemos miedo a perder seguridades.

Si lo anterior todavía no lo vives es que todavía no tiene clara tu resurrección.

Jesús, con resurrección nos abrió el camino de la vida. No es para nosotros un muerto más, un recuerdo del pasado; por eso no lo podemos buscar donde no está, entre los muertos.

Vive en nosotros, es un viviente que nos habita, que nos llena de esperanza dando sentido a nuestras vidas.

Hoy no lo podemos ver ni tocar, no podemos comer con él; poco importa, la fe nos lo hace íntimo, tan intimo como nuestro propio yo.

Nuestra fe nos da unos ojos que lo saben ver, tanto en la vida como en el mundo que nos rodea.

Lo vemos en sus transfiguraciones o manifestaciones invisibles: la eucaristía, la comunidad, los pobres, los necesitados; no damos un paso sin que salga a nuestro encuentro.

Vivir la resurrección es encontrar al Cristo que la fe nos revela en la Iglesia, que es su cuerpo, que enseña y transmite la fe; en la Eucaristía, prolongación de su sacrificio en la tierra; en los Evangelios, “Palabra de Dios” puesta por escrito; en los pobres, los únicos santos canonizados por Él; en los signos de los tiempos, mensajes de Dios…

Amigos, “Bona Pascua”.

CELEBRACIONES

Horarios

Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h



Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.


Martes 7  abril

    10:00 h. Eucaristía

Miércoles  8 abril

    10:00 h.  Eucaristía en sufragio de Julieta Serrano y Joaquín Juan Ballena.

Jueves  9 abril

    10:00 h. Eucaristía 

Viernes  10 abril  

    10:00 h. Eucaristía

Sábado 11 abril 

    19:00 h Eucaristía por los enfermos (Virgen de Lourdes) 

Domingo 12  abril 

    10:00 h. Eucaristía 

    12:00 h. Eucaristía Fiesta Divina Misericordia


NOTICIAS

CRISTO HA RESUCITADO. RESUCITEMOS CON ÉL

Carta del Arzobispo de Valencia

Podemos imaginar los sentimientos de los discípulos y de las mujeres que habían seguido al Señor durante el tiempo de su vida pública al atardecer del Viernes Santo: Con su muerte parecía que todo había terminado. Una tremenda desilusión les invadía. Ellos y ellas habían conocido a Jesús, lo habían dejado todo y le habían seguido, habían escuchado su palabra y se habían ilusionado con su persona y con su mensaje. Pero ahora el Señor estaba muerto. Su situación sería semejante a la que experimentamos las personas cuando nos ilusionamos con algo o con alguien y esa ilusión desaparece de pronto del horizonte de nuestras vidas. Lo único que nos queda a las personas cuando vivimos una situación como esa es un vacío inmenso.

Los sentimientos de los personajes que aparecen en los relatos pascuales no dejan lugar a dudas: habían perdido la esperanza (Lc 24, 21), tenían miedo y cerraban las puertas cuando se reunían (Jn 20, 19), el dolor les invadía el corazón (Jn 20, 11), eran duros para creer (Mc, 16, 11; Lc 24, 11), estaban turbados y dudaban (Lc 24, 38), etc…

Pero en la mañana del Domingo de Pascua todo cambia: a partir del hallazgo del sepulcro vacío y de los primeros encuentros del resucitado con las mujeres que se habían acercado al sepulcro buscando un muerto, todos van siendo recobrados para la fe. Los encuentros con el Señor transforman los sentimientos de los personajes de la Pascua: donde había duda aparece la fe, en medio del dolor brota el gozo, la turbación deja paso a la paz de quien se ha encontrado con el Señor, un horizonte nuevo de esperanza aparece en la vida de aquellos creyentes. A medida que se encontraban con el Señor y eran recuperados para la fe experimentaban no sólo que Cristo había resucitado, sino que ellos resucitaban con Él.

Pascua fue para ellos una experiencia de gracia: lo que no esperaban ni imaginaban, lo que humanamente les parecía imposible… eso había ocurrido: La muerte no había tenido la última palabra sobre Cristo. Él estaba vivo. Encontrarse con Él había sido el gran regalo que Dios les había hecho. Fue también una experiencia de libertad: ni el pecado ni la muerte tienen la última palabra sobre el hombre. La victoria es de nuestro Dios y del Cordero.

Desde esa certeza, ellos vivirán para anunciar a Cristo: Cuando van a anunciar a otros la resurrección de Cristo y lo dan a conocer, cuando se conviertan en anunciadores del Evangelio y en testigos del resucitado, cuando bauticen y perdonen los pecados haciendo presente la misericordia de Dios… están viviendo la Pascua, están resucitando con Cristo.

Nosotros no podemos celebrar la Pascua como un recuerdo de algo que sucedió en el pasado. Cristo ha resucitado, resucitemos con Él a una vida nueva, resucitemos con Cristo a una vida llena de esperanza. Que la alegría de haber conocido al Señor, sea el mejor testimonio que ofrezcamos a nuestro mundo.

Feliz Pascua y que el Gozo de la fe llene nuestros corazones.


FIRMA DEL PROTOCOLO CON EL DEFENSOR DEL PUEBLO Y EL GOBIERNO PARA REGULAR EL RECONOCIMIENTO Y LA REPARACIÓN DE VÍCTIMAS

La Conferencia Episcopal Española y la Conferencia Española de Religiosos continúan dando pasos en comunión, y como Iglesia que peregrina en España, en su compromiso con las víctimas de abusos cometidos en el seno de la Iglesia. Este 30 de marzo han firmado con el Defensor del Pueblo y el Ministerio de Presidencia, un protocolo que desarrolla el acuerdo suscrito el pasado 8 de enero.

Este protocolo establece la organización y funcionamiento del sistema de reconocimiento y reparación de las víctimas de abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia Católica. De esta manera la Iglesia pone en valor el Plan de Reparación Integral a Víctimas de Abusos (PRIVA) y la Comisión Asesora que trabaja desde febrero de 2025, cuando fue constituida. atendiendo a las 131 solicitudes que han recibido.

A partir de ahora existe una nueva vía de acceso al plan establecido por la Iglesia y que demuestra nuestro compromiso moral y nuestra responsabilidad. En este sistema la colaboración de las instituciones será muy importante y el Defensor del Pueblo tendrá en cuenta aquellos casos ya reparados a través del PRIVA.


León XIV carga la Cruz en el Coliseo, un gesto que interpela a la humanidad
En su primer Viernes Santo como Pontífice, Prevost recorre las catorce estaciones del Vía Crucis en el Coliseo llevando personalmente la Cruz, en un gesto de profunda fuerza espiritual que evoca el sufrimiento del mundo contemporáneo y la esperanza cristiana.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

“Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en Simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén”

Con esta oración, que resume abandono, confianza y esperanza, se cerró una de las imágenes más intensas de este Viernes Santo, 3 de abril de 2026, en el Coliseo de Roma: el Pontífice recorriendo, paso a paso, las catorce estaciones del Vía Crucis, cargando personalmente la Cruz en el primer Vía Crucis de su pontificado. Inspirado en la plegaria de San Francisco de Asís, el Papa invitó a “vivir nuestra existencia como un camino de participación progresiva en la relación de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Le acompañaron el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Diego Ravelli; el cardenal vicario de la Diócesis de Roma, Baldo Reina; y los obispos auxiliares de la diócesis.

El Anfiteatro Flavio se llenó de más de 30.000 fieles: padres con sus hijos, jóvenes y adolescentes, sacerdotes, religiosos y religiosas, peregrinos de distintos lugares, todos reunidos en los espacios delimitados y especialmente preparados.

Las antorchas, pequeñas luces que iluminaban la tenue oscuridad, se sostenían junto a los libritos con las meditaciones escritas por el padre Francesco Patton, fraile menor y excustodio de Tierra Santa, quien en el camino de Jesús hacia el Gólgota vislumbra los desafíos del mundo actual.

Prevost, acompañado por dos jóvenes portadores de antorchas, sostuvo la cruz durante las catorce estaciones, cinco dentro y nueve fuera de la antigua arena, iluminada por focos y velas, convirtiéndose, de este modo, en el segundo Pontífice en portarla (san Juan Pablo II la había llevado entre 1980 y 1994). Como declaró días antes al salir de Castel Gandolfo, su gesto buscaba dar “una señal importante”: mostrar que Cristo aún sufre y llevar los sufrimientos de la humanidad en sus oraciones, como “líder espiritual hoy en el mundo”.

En un contexto marcado por guerras, fracturas sociales y creciente incertidumbre, el Papa ofreció una catequesis silenciosa: no se trató solo de representar la Pasión de Cristo, sino de asumir, de manera tangible, el sufrimiento de tantas personas. Estación tras estación, su gesto recogió el dolor disperso de la humanidad y lo elevó al misterio de la redención.

Durante el recorrido, se proclamaron pasajes del Evangelio acompañados por las meditaciones de Patton, que invitaban a encarnar en la vida diaria las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, incluso en un mundo lleno de ruido, distracciones y, a veces, indiferencia. Las reflexiones también ofrecieron una mirada lúcida sobre las dinámicas de poder y la fragilidad humana, recordando que el camino de la Cruz revela tanto nuestra debilidad como la fuerza transformadora del amor que se entrega.

“El Vía Crucis –escribió Patton– no es el camino de quien vive en un mundo de devoción abstracta, sino el ejercicio del que sabe que la fe, la esperanza y la caridad deben encarnarse en la vida real, donde el creyente es continuamente desafiado y constantemente debe hacer suyo el modo de proceder de Jesús".

"Haz que te sintamos cercano, precisamente y sobre todo cuando caemos -fue una de las peticiones-, tan cercano en modo tal que nos demos cuenta de que eres tú el que nos levanta y nos vuelve a poner en el camino. Y haz que también nosotros aprendamos a confiar en la tierra, como el grano de trigo, sabiendo que la muerte, gracias a ti, es el seno de la vida eterna".

Al final de cada estación, los fieles rezaron el Padre Nuestro y entonaron estrofas del Stabat Mater, antiguo himno que contempla a la Virgen María de pie junto a la Cruz, unida al sufrimiento de su Hijo.

                                                         AVISOS


Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.