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DOMINGO Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo Ciclo A

HOJA PARROQUIAL

7 DE JUNIO DE 2026 -  
DOMINGO  Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo



Lectura del santo evangelio según San Juan (Jn  6, 51-58)

Dijo Jesús a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Disputaban entonces los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron. El que come este pan vivirá para siempre”.

Palabra del Señor
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Comentario de Benjamín

Dios se nos hace presente, cercano e íntimo en la Eucaristía. Dios, en el contexto de una comida compartida se nos hace presencializa bajo las formas de pan y vino.

Para un judío, compartir la comida, que es el sustento, la base de la vida suponía compartir la condición social y moral de los comensales. Podría decirse: “Dime con quien comes y te diré quien eres”.

Ser compañero, comer-del-mismo-pan te hace “ser uno con quien comes”. Desde ese momento asumes su fama, su suerte o desgracia, su presente y futuro, su condición personal y social.

Con aquel con quien te sientas a la mesa tendrás compasión de él, pues él entrará a formar parte de tu vida y de tu “yo” más íntimo. Vivirá en tu corazón, te llenará y habitará, por él te desvelarás y desvivirás. Tu prójimo será tu pasión, porque es, justamente, la comensalía la que nos hace hermanos.

A esto estamos llamados los cristianos: a vivir en nuestras vidas la fama-suerte-desgracia de los que nos rodean, a ser con ellos compasivos y misericordiosos como nuestro Padre celestial es compasivo y misericordioso, a vivir una misma suerte con todos, a vivir en unicidad, en fraternidad. Nadie nos es ajeno ni indiferente.

De distintas maneras hubiera podido Dios hacerse presente entre nosotros, por medio de espacios, tiempos, ofrendas o ritos sagrados, pero quiso que fuese al compartir la comida con todo lo que ello supone.

Indudablemente, la comida es la base y la fuente de la vida, es su sustento. Para nosotros lo primero es la vida, es vivir y ayudar a vivir, después su celebración. Celebramos la vida para enriquecerla, para que profundice y se fortalezca. Esto es lo que hacemos en la eucaristía.

Para los cristianos lo primero es vivir compartiendo, dando y dándonos, luego ya acudiremos o no a celebrarlo en la Eucaristía, y allí encontramos a Dios, que se hace presente porque nos amamos y nos entregamos los unos a los otros como hermanos.

Darnos, ayudarnos los unos a los otros, cuesta y es un sacrificio, es el único sacrificio agradable a Dios, pues en él revivimos la historia de Jesús. La palabra sacrificio viene de “sacrum facere”, hacer algo sagrado.

Dios quiere que le permitamos “hacerse Hijo” en cada uno de nosotros para que prolonguemos su historia de salvación y evangelio en el mundo. Por eso a la Eucaristía le llamamos el “sacrificio de la Misa”, porque en ella celebramos la entrega -sacrificio- de nuestras vidas por el bienestar del prójimo, sin condiciones y a la manera de Cristo, sin esperar premio alguno.

Para los cristianos, celebrar o ir a Misa no es tanto un asunto de ser sacrificantes, sino de ser sacrificados. Si primero tú no eres sacrificado te aburrirás y la Misa no te dirá nada. Irás a Misa, subirás al Calvario y bajarás o saldrás a la calle, hablando del tiempo. De esto, los que asiduamente vamos a misa sabemos mucho, yo el primero.

Dios se nos hace presente cuando previamente los demás cuentan con nosotros, porque a ellos nos damos. Dios se nos entrega cuando nos entregamos sin buscar ni esperar recompensa alguna. Recordad, siempre es mejor dar que tener que pedir. La felicidad está en que da y se da.

El encuentro con Dios en la Eucaristía es gratuito porque es un encuentro amoroso.

Los que se aman siempre viven la “presencia” de la persona amada, viven y tienen presente a la persona amada incluso cuando está ausente; y, a la vez, no necesitan palabras para comunicarse; el silencio para ellos es palabra.

D. Quijote se definía a si mismo diciendo: “Yo soy de Dulcinea…”, y el cristiano, diciendo “soy de la Eucaristía”.

El cristiano es de Dios y Dios es de él, son uno sin dejar de ser dos. Dios-Padre se hace Dios-Hijo en cada cristiano por la fuerza de Dios- Espíritu Santo.

En la vivencia de la Eucaristía, Dios es el “Enmanuel”, “Dios-con- nosotros”. La Eucaristía es una llamada a vivir en unicidad con Dios y con los demás. La Eucaristía reclama a los que la celebran que vivan a la manera de Cristo, en entrega, en pasión y compasión con todo el género humano.

La Eucaristía es el sacramento del amor que Dios nos tiene. Nos ama tanto que confía que hagamos lo que Él haría en nuestro lugar, por eso en la fiesta de su Cuerpo y Sangre celebramos el día de la caridad.

La Eucaristía es un regalo espejo, en ella recibimos lo que damos y encontramos lo que somos. Al margen de esto no busques otra cosa; sería magia o superstición.

En la Eucaristía Dios nos habla y visita en los signos de los tiempos.

Signos que hoy nos vienen, generalmente, escritos en papel de periódico.

CELEBRACIONES

Horarios

Sábados a las 19:00 h Domingos y Festivos a las 10:00 y 12:00 h



Exposición del Santísimo: de martes a viernes después de la eucaristía.


Martes 9 junio:

    10:00 h. Eucaristía 

 Miércoles 10 junio:

   10:00 h. Eucaristía 

Jueves  11 junio: 

    10:00 h. Eucaristía por los enfermos (Virgen de Lourdes)

Viernes  12 junio: 

    10:00 h. Eucaristía en sufragio de 

Sábado 13 junio: 

   19:00 h Eucaristía  

Domingo 14 junio:

    10:00 h. Eucaristía en sufragio de la familia Pallardó Casamayor y José Benavent

    12:00 h. Eucaristía por el pueblo


NOTICIAS

QUÉDATE CON NOSOTROS SEÑOR
Carta del Arzobispo de Valencia

Este domingo celebramos la solemnidad del Corpus Christi. En ella, los católicos confesamos nuestra fe en la presencia del Señor en la Eucaristía, mostramos la importancia que tiene para nuestra vida cristiana y agradecemos al Señor el don inmenso que es para nosotros este sacramento.

Desgraciadamente, en el momento actual muchos cristianos no sienten la necesidad de la Eucaristía. Para mí, uno de les fenómenos más preocupantes actualmente en la vida de la Iglesia es el abandono de la misa dominical por parte de muchos bautizados. Este hecho tiene graves consecuencias para la vida de la fe. Quien deja de participar en la Eucaristía vive, en primer lugar, un proceso de distanciamiento interior de Cristo, y su amistad con el Señor se va enfriando progresivamente hasta morir. Además, también se va separando de la Iglesia hasta llegar a sentirse extraño en ella. Una experiencia humana nos puede ayudar a entenderlo: si alguien, pudiendo hacerlo, deja de participar durante mucho tiempo en las celebraciones de su familia se distancia interiormente de ella y cada vez tiene menos ganas de reunirse con los suyos porque llega a sentirse extraño. El vínculo de amor que le unía a su familia ha muerto. El amor a Cristo y a los hermanos en la fe se hace más fuerte en la Eucaristía.

El Concilio Vaticano II quiso inculcar en el corazón de los católicos el amor a la Eucaristía y enseñó, con expresiones de una gran profundidad, la necesidad absoluta de este sacramento para la vida cristiana y para la vida de la Iglesia. En la constitución sobre la Iglesia afirma que esta «vive y se desarrolla sin cesar» por la Eucaristía (nº 26). En la constitución sobre la sagrada liturgia enseña que del misterio eucarístico «mana hacia nosotros, como de una fuente, la vida de la gracia» (nº 10). Y en el decreto sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes se dice que en este sacramento «se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: Cristo, nuestra Pascua» (nº 5).

Una de las apariciones pascuales que nos relata el evangelista san Lucas es la de los discípulos de Emaús. Después de escuchar a aquel desconocido que se había unido a ellos en el camino y que les explicaba las escrituras, estos dos discípulos sintieron el deseo de estar más tiempo con ese personaje a quien todavía no habían reconocido, y le pidieron que se quedara con ellos (Lc 24, 29). Y cuando lo reconocieron en la fracción del pan se volvieron a Jerusalén «donde encontraron reunidos a los once con sus compañeros» y «les contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan» (Lc 24, 33-35). En el pan partido descubrieron al Señor que había caminado y se había quedado con ellos. Su corazón se llenó de alegría.

Esta alegría por la cercanía del Señor es la que queremos comunicar hoy a todos: en la celebración de la Eucaristía nuestra vida se llena de gozo, porque el deseo de estar con el Señor se hace realidad; y en la procesión eucarística que recorre las calles de nuestros pueblos y ciudades la Iglesia proclama que nada le hace perder la paz, porque tiene la certeza de caminar acompañada por Cristo.

DÍA DE LA CARIDAD 2026: ALZAR LA MIRADA PARA ENCONTRARSE CON LA PAZ DE CRISTO


La Iglesia celebra el Día de la Caridad 2026 el próximo domingo 7 de junio. Como es costumbre, la celebración coincide con la Solemnidad del Corpus Christi y la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social publica el mensaje de los obispos miembros de esta Subcomisión, con el título ‘Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo’. Como indica, la jornada de este año está marcada por la presencia del Papa León XIV en España con motivo de su visita apostólica.

Alzar la mirada para encontrarse con la paz de Cristo

Un acontecimiento histórico, para alzar la mirada

La festividad del Corpus Christi está marcada este año por la visita del papa León XIV a nuestro país. El Santo Padre ha querido que uno de los actos centrales de su estancia sea la celebración de la Eucaristía y la posterior procesión del Corpus por las calles de Madrid. El Papa nos anima, durante estos días, a alzar la mirada.

Esta mirada a lo alto solo es posible en Cristo resucitado. Él es quien abre las puertas y ventanas de la casa donde estaban los discípulos encerrados por miedo, para salir al mundo con una mirada renovada. «Paz a vosotros» fueron las primeras palabras del resucitado, al igual que han sido las primeras con las que el papa León saludaba a la humanidad entera en el comienzo de su pontificado.

Hace más de 20 años, San Juan Pablo II, con la carta apostólica Mane nobiscum Domine presentó al mundo «la Eucaristía como una gran escuela de paz»1. La celebración del Corpus es una invitación para el mundo entero a profundizar en esta escuela.

Mirar desde las víctimas

Si hablamos de una escuela de paz hemos de reconocer que estamos aún en los cursos más elementales, que no hemos sido alumnos muy aplicados, que la humanidad parece haber dado la espalda a la paz. Las numerosas guerras en diversas partes del mundo son una clara muestra, guerras que ocupan las portadas de los medios de comunicación, pero también aquellas guerras olvidadas de las que nadie habla, como si no existieran.

Es en esos lugares, donde se sufre la violencia, donde la fraternidad se ha resquebrajado, donde la pobreza es una carga insoportable…, es en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad «donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica»2. «En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos»3, porque aquí es donde se aprende la gran lección de esta escuela de paz: «la santidad cristiana»4.

Poner la mirada en Cristo

Estamos llamados a mirar a Cristo desde esta escuela de la santidad que son las víctimas de este sistema injusto. Al igual que el grano triturado forma el pan que se transformará en el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía, así la vida quebrada de tantas personas víctimas de violencia nos facilita poner la mirada en el Dios que reconocemos en los pobres y sufrientes5. En la celebración del Corpus, el papa León invita a toda la Iglesia a dirigir la mirada continuamente al Señor, presente en el Sacramento del Altar y en el cual se descubre la plena manifestación de amor.

Al alzar nuestra mirada a Cristo Eucaristía descubrimos que se cumple su promesa: «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos»6. Esta mirada da lugar a un encuentro transformador con Cristo de corazón a corazón, un movimiento «del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva»7.

El encuentro con Cristo transforma la vida, «para que toda ella llegue a ser en cierto modo “eucarística”» 8. Transformar la existencia personal y comprometernos con la transformación del mundo según el Evangelio. Es necesario ver la luz del Señor y creer en Él para no hundirse en la oscuridad. Esta luz se abre paso en el corazón de cada ser humano a pesar de las resistencias, guerras y egoísmos. «La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. Como dijo el papa León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, «la paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”».

Dejarse iluminar por quien camina entre nosotros

Durante la procesión del Corpus se manifiesta el caminar de Dios en medio de su pueblo. Como un faro luminoso que ilumina nuestra vida social y personal, Cristo va calando en nuestras vidas. En la medida que reine entre nosotros, «la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz y de dignidad para todos»9. De este modo, la experiencia cristiana provoca consecuencias sociales.

En la escuela de la Eucaristía, el cristiano aprende a ser promotor de comunión, de paz y de solidaridad en todas las circunstancias de la vida. Aprende a vivir el discipulado en Cristo, que ilumina un nuevo nacimiento10 capaz de regenerar la fraternidad como base de la vida social. La presencia de Cristo entre nosotros nos ilumina para reconocer las estructuras de injusticia que deben ser destruidas con la fuerza del bien, mediante un cambio de mentalidad, pero también con políticas que buscan el bien común y que promueva una solidaridad capaz de transitar caminos «hacia la paz y hacia el desarrollo»11.

Tal y como nos recordaba el papa León XIV, queremos «invitar a cada uno, según su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento»12. Gestos que hagan presente el Reino de Dios, como anunció Jesús en la sinagoga de Nazaret13:Vivir en relación con los demás, salir del aislamiento y hacer que la comunidad sea espacio para tejer relaciones fraternales y amistosas.
Realizar signos de entrega y servicio verdadero. El amor no es un sentimiento, el amor o es real o es una fantasía novelada. Decir que uno se hace pan significa que trabaja por saciar el hambre en todos los aspectos y dimensiones.
Abrir espacios nuevos acogedores y hospitalarios, en los que podamos activar la caridad para servir y atender mejor, para cuidarnos mutuamente, para celebrar y dar gracias por la vida.

Un deseo desde el corazón

Nuestro deseo, desde lo más hondo del corazón, es que la celebración del Corpus sea un encuentro con Cristo que camina en medio de nosotros, que nos pide alzar la mirada desde nuestras heridas, que nos urge a dejarnos iluminar y transformar por Él, y que nos exige demostrar todo eso siendo agentes convencidos de transformación y cambio de las estructuras injustas de este mundo. El papa León XIV lo dice con mucha claridad: «En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos»14.

Consistorio: Debate sobre la situación mundial, «Magnifica humanitas» y el Sínodo

En una carta dirigida a los cardenales que participarán en el encuentro con el Papa León XIV en el Vaticano los días 26, 27 y 29 de junio, el Cardenal Re, Decano del Colegio Cardenalicio, anuncia los temas de las cuatro sesiones que se celebrarán en el Aula Pablo VI y en el Aula del Sínodo. Los cardenales debatirán sobre la situación internacional, la paz y la superación de la teoría de la «guerra justa», la encíclica Magnifica Humanitas y la implementación del Sínodo.

Alessandro Di Bussolo – Ciudad del Vaticano

Compartir el sufrimiento y los signos de esperanza asociados a la situación internacional, reflexionar sobre algunos de los temas de la encíclica Magnifica Humanitas y actualizar el proceso de implementación del Sínodo. Estos serán los temas en torno a los cuales se estructurará el trabajo del Consistorio convocado por el Papa León XIV los días 26, 27 y 29 de junio. Así lo aclaró el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, en una carta enviada el 3 de junio a todos los cardenales participantes. El cardenal enfatizó que el Papa desea que el encuentro, al igual que el anterior, celebrado los días 7 y 8 de enero de este año, sea un «espacio para la escucha mutua, el discernimiento y la exploración compartida de ciertos temas relevantes para la vida y la misión de la Iglesia en el tiempo presente».

Un clima de escucha para recopilar la experiencia de los cardenales
El propósito del Consistorio, para León XIV, recuerda el Cardenal Re, es «reunir la experiencia y el consejo de los miembros del Colegio Cardenalicio y, al mismo tiempo, poder contar con la ayuda y el apoyo activos de cada uno en los diferentes ámbitos y responsabilidades en que sirven a la Iglesia». Por ello, es importante que el trabajo se lleve a cabo «en un ambiente de escucha, libertad y apertura, para fomentar el discernimiento compartido».

La situación internacional y la realidad de las iglesias locales
La primera sesión estará dedicada, por tanto, a una reflexión compartida sobre la situación internacional y la realidad de las Iglesias locales. Este diálogo estará guiado por dos preguntas dirigidas a los cardenales: «¿Qué sufrimientos, tensiones e interrogantes afectan con mayor urgencia a los pueblos y comunidades eclesiales confiados a su cuidado hoy? ¿Qué signos de esperanza, de fidelidad al Evangelio y de posible reconciliación consideran importante compartir en esta escucha común?».

Magnifica humanitas y paz
La segunda y tercera sesión se centrarán en la encíclica Magnifica Humanitas , publicada el 25 de mayo. La segunda, en particular, analizará el quinto capítulo del documento, titulado «La cultura del poder y la civilización del amor». En en el número 182 de la encíclica, el Papa recuerda que, en un mundo marcado por la polarización, la violencia y el creciente conflicto, «la paz no es un tema más, sino una condición del bien común universal y una prueba de la madurez moral de los pueblos». Por ello, se invita a cardenales de territorios asolados por la guerra a dar testimonio de cómo esta realidad afecta dolorosamente su experiencia, y a otros a reflexionar sobre el resurgimiento de lenguajes, lógicas y prácticas que debilitan la posibilidad de reconciliación y convivencia.

Por lo tanto, queremos reflexionar juntos sobre cómo reafirmar hoy "la superación de la teoría de la 'guerra justa', invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra", como escribe León XIV en el número 192 de la encíclica, y "sobre qué maneras concretas pueden ayudar a los pueblos y comunidades cristianos a salvaguardar y construir la paz".

Las transformaciones actuales y el desarrollo humano integral
En la tercera sesión, partiendo de la perspectiva de "construir en la bondad", que se encuentra tanto en la introducción como en la conclusión de Magnifica humanitas , exploraremos en profundidad la invitación de la encíclica a "leer las transformaciones de nuestro tiempo a la luz del Evangelio y a orientar el deseo humano de felicidad y plenitud hacia el desarrollo humano integral".

El proceso de implementación del Sínodo
Finalmente, la primera parte de la sesión final, haciendo referencia a la carta del Cardenal Decano, estará dedicada a "actualizar a los miembros del Colegio sobre el proceso de implementación del Sínodo, comenzando con el documento reciente, de cara a las Asambleas Sinodales 2027-2028. Etapas, criterios y herramientas para la preparación". La segunda parte permitirá un diálogo libre entre los cardenales y el Pontífice, con intervenciones de tres minutos.

Las obras del 26 y 27 de junio y la Misa del 29.
Finalmente, el cardenal Re anunció que el Consistorio se llevará a cabo los días 26 y 27 de junio en el Aula Pablo VI y el Aula del Sínodo, y concluirá el 29 de junio en la Basílica de San Pedro, donde el Papa León presidirá la Misa de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, bendecirá los palios y los impondrá a los nuevos arzobispos metropolitanos. No se ha previsto una Eucaristía concelebrada para el domingo 28 de junio, como se había anunciado previamente.

AVISOS

Los 11 de cada mes celebramos la Eucaristía por los enfermos (Nuestra Señora de Lourdes).

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